La Iglesia Católica mantiene relaciones ecuménicas con varias iglesias cristianas.

La Iglesia Católica mantiene relaciones ecuménicas (en búsqueda de la unidad) con varias iglesias cristianas. La más importante es la Iglesia Ortodoxa, que conserva la Sucesión Apostólica de los Obispos y los 7 Sacramentos, pero no la comunión con el Obispo de Roma, a quien consideran "el primero entre los iguales”, por lo que desde su separación no lograron hacer Concilios Generales ya que no hay una autoridad máxima que los congregue.

La Misa Católica es un memorial, una actualización aquí y ahora del sacramento anticipado en la Última Cena, realizado en la Cruz, y multiplicado sacramentalmente con la presencia de Jesús Resucitado en los altares eucarísticos.

El problema con las Iglesias Protestantes es que se van multiplicando cada una con una libre interpretación de la Biblia, y así hay más ramas "evangélicas” que se derivan del luteranismo, del calvinismo, presbiterianos, anglicanos, católicos anglicanos (rama desprendida del protestantismo de Inglaterra con sede en Estados Unidos). 

La Iglesia Anglicana nacida con Enrique VIII hizo mártires católicos a Santo Tomás Moro, San Juan Fisher, y tuvo la eminente conversión al catolicismo del hoy San John Henry Newman, quien aspiraba a que la Iglesia de Inglaterra volviera a sus raíces católicas.

 

Fuentes de Revelación

Recordemos que en el Catolicismo Romano las Fuentes de la Revelación son la Sagrada Escritura (tradición escrita) y la Tradición Viva (oral), comunicada por la Sucesión Apostólica de los Obispos, ininterrumpida desde la Comunidad Apostólica de Jesús y los 12.

El Magisterio de la Iglesia (compuesto por los Obispos unidos entre sí y con el Obispo de Roma, el Sumo Pontífice), no es Fuente de Revelación, sino que interpreta, guarda, trata de entender cada vez más con la ayuda de peritos, la Revelación oral y escrita, y la predica en comunión con sus presbíteros, diáconos, religiosos y laicos.

Por lo tanto, Sagrada Escritura, Tradición Viva y Magisterio de la Iglesia están unidos y ligados según el plan de Dios y el rol de cada uno para la salvación de las almas (Catecismo 95). Pero de ninguna manera el Magisterio de la Iglesia es una "simple opinión humana”.

 

El protestantismo

En este caso prescinde de la Sucesión Apostólica y por lo tanto de la Tradición Viva que viene de Jesús y los 12, guiándose por la "Sola Scriptura”, según la libre interpretación de cada uno. Además, estas queridas iglesias cristianas evangélicas, prescinden de leyes conductuales en todos los ámbitos, como es el "Derecho Canónico” para los católicos.

Con las iglesias orientales hay cierta "comunicatio in sacris”, la posibilidad de que, de no haber un ministro de la propia denominación, pueda recibir la Reconciliación, la Eucaristía y la Unción de los Enfermos de manos del ministro católico u ortodoxo, pues son válidos en ambas. Sin embargo, la "comunicatio in sacris” con la Iglesias Protestantes es más difícil. Solamente en grave peligro los fieles de alguna de estas ramas pueden pedir, si no tienen ministro propio, la Reconciliación, Eucaristía o Unción de los Enfermos. Deben pedirlo espontáneamente, estar bien dispuestos y "tener fe católica” en los mismos.

 

Separaciones de la Iglesia

Por último, diremos técnicamente cómo se denominan las separaciones de la Iglesia Católica: 1) cuando se rompe la unidad con el Sumo Pontífice, el Obispo y la comunidad, es un "cisma” (el cismático rompe con la autoridad y por lo tanto con la comunión de la Iglesia; 2) cuando se toman unos elementos de la doctrina y se dejan otros, se cae en "herejía", de "cortar, separar partes” a gusto del hereje; 3) cuando se renuncia a la fe "católica, apostólica y romana", el candidato se convierte en un "apóstata”.

En cualquiera de estos casos, si el ministro es ordenado en la Iglesia Católica en cualquiera de sus 3 grados (episcopado, presbiterado, diaconado), sus acciones son ilícitas y no son válidas para el fiel católico (por ejemplo sus Misas u otros sacramentos que intente celebrar). Éstos no son válidos aunque se reciban de buena fe o por ignorancia, debiendo recibirlos, si es su intención, en la Iglesia Católica, cuyo ministro esté en comunión con su Obispo, y éste con el Santo Padre.

 

Por Gustavo Daniel D’Apice
Profesor de Teología – Pontificia Universidad Católica