Durante la semana pasada gran parte del mundo estuvo en vilo frente a la posibilidad de que los restos de un gran cohete chino, fuera de control, llegaran a la Tierra alcanzando zonas pobladas con gran riesgo para sus habitantes. Lo criticable fue el acostumbrado silencio de Pekín cuando es responsable de un peligro en cierne sobre la humanidad. Tanto la NASA estadounidense como la Agencia Espacial Europea, denunciaron el problema y alertaron sobre una posible catástrofe mientras el artefacto daba vueltas al planeta con rumbo incierto.
El desenlace ya se conoce, fue una emergencia que salió bien, teniendo en cuenta que nuestro hábitat natural está compuesto por el 70% de agua, y fue así como los restos del cohete de 15 metros de altura y 30 toneladas de peso se estrellaron en el océano Índico, al oeste del archipiélago de las Maldivas, para tranquilidad de diferentes gobiernos y de los millones de seguidores en las redes sociales.
Durante décadas China no mostró mucho interés por sumarse a los viajes espaciales, pero en los últimos años inició una frenética carrera hacia el cosmos. Primero fueron ensayos de propulsores, luego envió una nave al lado oscuro de la Luna, y poco después una sonda a Marte, mientras prepara la instalación de una estación espacial que podría estar operativa a fines del año que viene. Precisamente este último incidente fue parte de los 11 viajes espaciales para concluir esa tarea.
Ante las evidencias, las autoridades chinas emitieron un escueto comunicado, omitiendo la trayectoria descontrolada el LM 5B, restando importancia al impredecible descenso y consideraron "es una práctica internacional común que la chatarra espacial se autodestruya al tomar contacto con la atmósfera", pero omitieron señalar que el resto de las naciones espaciales mantienen precisos controles de trayectoria e impacto, o de destrucción si fuese necesario, de sus experimentos evitando dejarlos al azar.
Por eso está clara la negligencia de la nación asiática al no cumplir con los estándares científicos con respecto a los desechos espaciales y debe garantizar a todos los involucrados en la carrera espacial, incluyendo a iniciativas privadas, que respetará la seguridad, la estabilidad y la sostenibilidad de sus actividades en el espacio exterior. Más si se trata de objetos tan grandes como en la reciente emergencia global.
Si bien el planeta está rodeado de basura espacial -restos de satélites y expediciones- que se desintegra antes de tocar el suelo, el cohete errático chino ha sido el mayor objeto en entrar en la Tierra en los últimos 30 años.
