Señor director:

El terremoto ocurrido hace algunos días en San Juan sacó a la luz una cultura de la asistencia estatal humillante para los damnificados en pleno siglo XXI. La entrega de palos y nailon de color negro como para levantar una tapera es una falta de respeto. De esa manera y a la vista de todos, las víctimas de viviendas destruidas parcial o totalmente, se sienten emocional y psicológicamente más afectadas. Esta metodología de entregar palos y nailon ya se volvió cultural, como también la entrega de alimentos no perecederos que tienen altísimas calorías para consumir en pleno verano con temperaturas de 40 grados. ¿Será posible que en plena segunda década del siglo XXI, no pueda haber carpas de emergencia (como los que utiliza la ONU en campos de refugiados), para prestar por un tiempo determinado a los afectados por algún siniestro? Ante esta situación, tanto el gobierno provincial como los gobiernos municipales, tendrían que modificar este tipo de asistencia estatal con el fin de que esa ayuda sea respetuosa para compatriotas que merecen ser tratados con dignidad como lo exigen los reales derechos humanos.