
Hace unos días, más precisamente, el 27 de noviembre, se cumplió el bicentenario de la épica Batalla de Chancay. Se trató de una cruzada patriótica, que, como muchos eventos de nuestro pasado, es poco o nada conocido. Chancay es una localidad peruana, situada a sesenta kilómetros de Lima, en la llanura costera del Pacífico. Allí ocurrió, el 27 de noviembre de 1820, uno de esos episodios de índole heroica encumbrado por don Buenaventura Luna. En esa fecha, el entonces capitán, Juan Pascual Pringles, puntano de nacimiento, fue protagonista, juntamente son sus soldados, de un hecho singular. El militar en cuestión se había unido al ejército argentino a temprana edad y desde entonces ganó popularidad por su osado ímpetu. Cuando las tropas libertadoras del general San Martín operaban en la campaña chilena, Pringles se incorporó a ellas con el objetivo de participar en la campaña al Perú. Ya en tierra peruana, el joven capitán en un reconocimiento de la delantera del ejército sanmartiniano, quedó rezagado al mando de un pequeño grupo de soldados pertenecientes al Regimiento de Granaderos a Caballo. En esas circunstancias fue rodeado y atacado por sendos batallones españoles. Ante esta situación de inferioridad numérica, el puntano, con su bizarro séquito resolvieron replegarse. Fue así que se alinearon hacia el mar a través de las playas de Chancay. En ese lapso murieron varios de sus soldados. Los que sobrevivieron, incluido él, se encontraban completamente exhaustos y a merced de los realistas. Fue en esos momentos, en un increíble acto de valía ante la inminencia de caer prisioneros, que aquel valeroso grupo decidió morir antes de entregarse al enemigo.
El alicaído regimiento decidió que el mismo mar sería su sepultura. Entonces el jefe de las tropas enemigas ante tal trance de bravura, ofreció una decorosa rendición, logrando los argentinos salvar sus vidas. Tiempo después, el Libertador José de San Martín, compensó a los personajes de este suceso con un escudo grabado con esta inscripción: "Gloria a los vencidos de Chancay”.
Debido a esta actuación, a las que se agregaron otras, Pringles fue ascendido de manera rápida hasta conquistar el grado de coronel.
Buenaventura Luna -como dijimos-, glorificó la epopeya de Chancay en un verso de su inmortal poema "El Fogón de los Arrieros”: "Los que el verbo de Mayo, al Paraguay, llevaron por más gloria, con Belgrano; y los cinco de Pringles, el puntano, los de la hazaña heroica de Chancay…”.
Prof. Edmundo Jorge Delgado
Magister en Historia
