No hablaré desde el concepto sino desde la experiencia. Sufrí una cirugía por la cual debí permanecer internado el tiempo suficiente para perder 16 kilos. Tenía reservas pero no tantas así que me asignaron una dietista para recuperar peso. Aprendí en persona que no comiendo se baja y que ingiriendo muchas calorías se sube. Una persona de mi familia protagonizó un accidente deportivo a raíz del cual, no es una metáfora, le cosieron la boca, se alimentaba sólo con sorbetes y todo semilíquido, igual que yo. Bajó 8 kilos en dos semanas. Durante la pandemia, es como si hubiéramos dejado de comer, la caída de la economía ocurrió en todo el mundo por ausencia de actividad, por las cuarentenas y prohibiciones de viajes, espectáculos y un gran porcentaje de rubros paralizados. Guardados en casa no consumimos otra cosa que alimentos, no gastamos zapatos, combustible, cubiertas, ropa, nada. A la salida, que fue rápida salvo entre nosotros, había que dar incentivos, eufemismo con el que se designa a la emisión de moneda. Traducido al lenguaje vulgar, sería una indicación como la que dio la dietista que me quería hacer subir de peso, más calorías de las habituales hasta recuperar la situación normal. En todo el planeta hubo inflación y la sigue habiendo como consecuencia de esa mayor circulación monetaria y de la menor producción a causa de un encierro en que cada día de trabajo perdido se dejó de fabricar una montaña de elementos usuales en nuestra vida. Alta inflación anual, 5% en USA y 3% en Europa a números de hoy. La vuelta a la normalidad, indica que los Bancos Centrales subirán la tasa de interés para absorber esos billetes que están sobrando en la calle tentando a sus poseedores a que no los gasten sino que los lleven a los bancos atraídos por esa renta. Igual que la dietista que me dijo, ‘ya estamos bien volvamos a ingerir sólo lo necesario‘. Nosotros tenemos más inflación en un mes que los demás en un año, su causa está clara, la emisión monetaria es la única vía de financiar el exceso de gasto del tesoro. Habiendo muchos más billetes en la calle que productos para comprar es lógico que la suba generalizada de precios sea inevitable, hay más interesados en comprar lo poco que hay disponible y es natural que los precios suban. La velocidad de esa suba estará determinada por el tamaño del desfasaje entre una cosa y la otra, la cantidad de billetes versus la cantidad de bienes o servicios. Pero aquí, por la razón que fuere, se piensa que el remedio será comer más para bajar de peso, poner más dinero en la calle y a la vez bajar la inflación controlando los precios. Es como si a mí me dieran muchos platos de comida, más de los necesarios y se me apareciera la dietista cada mañana para castigarme si hubiera subido de peso. Cabría otra posibilidad, que yo comiera solo lo necesario y guardara la sobra para más adelante, aquí el problema es que yo sé que ese alimento es perecedero y que al día siguiente me servirá menos, al siguiente menos y así. No lo puedo guardar porque terminará descompuesto. En nuestra economía pasa lo mismo, el dinero que sobra está yendo al dólar, como siempre, porque lo que sobra es natural que a algún lado tenga que ir. Un destino bueno sería la construcción pero me dicen que faltan insumos y, claro, hay que tener un buen capital por lo menos para empezar, no es para el ahorrista chico. Las tasas de interés son negativas, altas pero menores que la inflación, igual ocurre con los bonos argentinos que no rinden nada hasta que haya acuerdo con el FMI y se tenga certeza de que no habrá default, ¿quién compra un papel de un país que de llano afirma que no lo pagará? Así se pierde la herramienta de absorber con crédito local los billetes que están sobrando. No pasará mucho tiempo para que quien se va desprendiendo de sus activos, arroz, azúcar, harina y visto el control de precios por 3 meses, use el resultado de esas ventas y se vaya también al dólar, de ahí que se pueda esperar la posibilidad de desabastecimiento por un lado y el salto del valor del dólar por el otro. En el pasado ocurrió que se guardaban productos en galpones porque ponerlos a la venta era perder plata, literalmente una confiscación, vender a un precio menor de lo que luego me costaría la reposición. Ni hablar de la inversión que anda por el 14% del PBI cuando algo bueno para salir de la pobreza sería el 30%. Uno puede admitir que con una elección por delante se intenten medidas algo espectaculares de corto plazo sobre todo cuando se viene de perder en el primer tiempo, pero por ahí da la sensación de que hay gente que, no obstante la historia reciente y lejana, cree que esto pudiera funcionar. En definitiva: ¿cuál es el costo de una milanesa? Si aplicamos el concepto de valor agregado, no es lo mismo comerla en una cantina que en un restaurante de lujo con aire acondicionado, mozos de smoking, manteles finos y sillas acolchadas. La milanesa puede ser la misma pero en su precio tiene sumados otros servicios como los sueldos del personal, los gastos de energía y la amortización del capital invertido. Esto vale para todo. No es lo mismo comprar en un supermercado chino que en un lugar más elegante, es más, a veces la misma cadena tiene los mismos productos a distinto precio según el barrio y las características de la clientela. Tenemos un país extenso y el flete pasa a ser parte vital del costo. No hay forma de alentar el consumo ‘poner platita en los bolsillos de la gente‘, desalentar la producción regulando arbitrariamente los precios y frenar la inflación. Es como pretender adelgazar comiendo. En los 50s del siglo pasado Ray Bradbury escribió Fahrenheit 451, novela en que los bomberos no usaban agua sino lanzallamas, todo al revés. Esto es más o menos lo mismo, apagar el fuego con más fuego o comer mucho para adelgazar. Una vez más: Si la cuestión fuera imprimir dinero, no habría país pobre en el mundo.
Bomberos con lanzallamas
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