El futuro político de Chile va dejando un claro panorama de renovación del escenario democrático, tras cumplirse la segunda vuelta electoral donde se eligieron 13 de los 16 gobernadores regionales, y si bien se trató de una convocatoria menor a las urnas, estos resultados pueden incidir drásticamente en las elecciones presidenciales del 21 de noviembre venidero, según coinciden los analistas. Debe recordarse que por primera vez los gobernadores son electos por el voto popular, un cambio histórico que rompe la dependencia unitaria de La Moneda.

Los recientes antecedentes comiciales de mayo pasado son también inéditos, cuando se eligieron constituyentes, gobernadores en primera vuelta, alcaldes y concejales, donde sufrieron una derrota contundente los partidos tradicionales de derecha y centroizquierda que han gobernado al país trasandino en los últimos 30 años. Los postulantes independientes rompieron con su triunfo todas las predicciones de los observadores.

El "castigo" a la clase política tradicional preocupa a la coalición gobernante luego de esta nueva compulsa, al observar el desarrollo en las nueve regiones donde hubo candidatos oficiales, en particular Arica, Los Ríos y Coquimbo con una derrota que sin duda va a repercutir en las aspiraciones presidenciales. Pero la mayor incertidumbre fue la Región Metropolitana donde compitió la centroizquierda con una coalición de izquierda apoyada por el Partido Comunista, todo surgido del estallido social y de la falta de representatividad social en los partidos tradicionales, que les demanda la gente. El caso de Santiago es clave porque son seis millones de votantes, casi un tercio del padrón electoral del país.

Pero la crisis de representatividad política es un fenómeno cada vez más fuerte en América latina, como se observa en Colombia y Perú, una réplica de lo ocurrido en Chile desde octubre de 2019, en este caso tan profunda al punto de promover un borrón y cuenta nueva a partir de una Constitución nacional para replantear la justicia social, contra la desigualdad y la discriminación. La lucha contra los viejos políticos y las élites del poder se reflejó en los comicios del mes pasado y ahora esa tendencia vuelve a repetirse.

En esta era de cambios se valora el liderazgo de las mujeres y, en particular, de los jóvenes chilenos que desde el reciente plebiscito aumentaron la participación electoral con los resultados transformadores que no condicen con el potencial económico de la nación.