Calle Mendoza antes de General Paz.

 

Si bien debemos reconocer el esmero mediante el cual actualmente se están mejorando veredas y cruces peatonales en el centro de la ciudad, se debería tener en cuenta también una serie de detalles de ajuste en el cronograma de la ejecución de dichas obras, para que lo antes posible se den soluciones a las necesidades que tienen muchas personas con discapacidad.
Otrora nuestros padres cuidaban con orgullo a las veredas y acequias que mostraban al visitante una imagen de ciudad limpia y ordenada. Era algo así como mantener una carta de presentación que distinguía a nuestra ciudad Capital. Pero lamentablemente todo se abandonó, y por muchos años se fue transformando en un vergonzante muestrario de descuido con sólo observar la suciedad de sus acequias sin sus tapas, cordones destruidos y miles de baldosas rotas o faltantes.

Seguramente las actuales autoridades al planificar las nuevas obras, tuvieron en cuenta que los largos años de irresponsable desidia, produjeron numerosas fracturas y serias contusiones a muchos peatones locales y foráneos. No obstante habría que acordarse también de aquellas personas que lamentablemente sufren de alguna discapacidad y no tienen en el centro los suficientes lugares para estacionar y poder descender de forma segura del vehículo que lo transporta. 

La solución parece sencilla. Los funcionarios sólo aplicando un poco de sentido común y muy poco costo, pueden dar prioridad a la ejecución de aquellas mínimas obras que favorezcan más a quienes tienen algún impedimento físico.

Hay en el radio céntrico muchos espacios escogidos por reparticiones públicas, para la carga y descarga, de mercadería, de valores, etc. que se podría rever y adecuar sus horarios de ocupación, y quizás así se logre al menos reservar un espacio por cuadra destinado a personas que con la oblea correspondiente de discapacidad puedan estacionar sin riesgo.

Si bien actualmente, con la oblea se puede estacionar cuando se encuentro un espacio libre y existen lugares especialmente destinados a discapacitados pintados de color azul, se observa que los primeros son difíciles de encontrar y que los segundos son insuficientes. Y algunos de ellos, en vez de facilitar el ascenso y descenso lo complican por ser muy peligrosos.

Un solo ejemplo muestra la gravedad del problema. Sobre calle Mendoza antes de Gral. Paz, hay un solo estacionamiento para discapacitados. Allí se puede observar el escaso espacio demarcado para estacionar (sólo cabe un Fiat 600) con riesgo de multa si el vehículo es de mayor longitud. Existe un tremendo pozo por la falta de tapa de la acequia que está llena de mugre justo donde debe descender el discapacitado, y por si esto fuera poco, un cable cortado que pende de un poste, llega hasta el fondo de esta verdadera trampa especializada en minusválidos.

Juan C. González Aubone – Ingeniero.