El general Bartolomé Mitre definió a los generales José de San Martín y Manuel Belgrano, como "Padres de la Patria". Dieron el ejemplo de humildad y amor por la patria en la que nacieron. Lo dieron todo sin pedir nada a cambio. Detrás de ellos, algunos valerosos hombres siguieron sus ejemplos.

Transitamos un mes especial en el cual celebramos la Revolución de Mayo de 1810. Desde ahí en adelante fueron muchos los ciudadanos que renunciaron a sus sueldos o parte de ellos para aliviar los gastos de la patria. Hubo ciudadanos dispuestos a pujar por su causa comprometiendo en demanda, vida, haberes y fama. Quizás el ejemplo más acabado fue el de Manuel Belgrano, quien habiendo sido poseedor de bienes, llegó a sufrir pobreza total en los momentos previos a su muerte. En este último y dificultoso tránsito desde Tucumán hasta Buenos Aires, donde falleciera, una y otra vez los gobernantes le negaron un mínimo préstamo, que sólo pudo paliar en parte la generosidad de un amigo. Este Belgrano que llegaba a las puertas de la eternidad sin poder abonarle los honorarios al médico que lo asistía era el mismo que el 5 de junio de 1810 había renunciado al sueldo anual de $3.000 fijados por los vocales de la Primera Junta, sin que por ello pudiera entenderse que quería eximirse de la responsabilidad de su cargo. Tal gesto no fue el único: Cuando el gobierno lo premió por sus victorias en Tucumán y Salta con la suma de $40.000 en fincas del Estado, destinó el obsequio para la creación de cuatro escuelas. Similares actitudes mostró el Libertador General José de San Martín: al llegar por primera vez a Mendoza renunció a ocupar la casa que tenía preparada el Cabildo y no aceptó que esta corporación le abonase la mitad del sueldo que por su grado le correspondía. Cuando después de Chacabuco decidió viajar a Buenos Aires destinó $10.000 en oro para gastos de viaje que le había otorgado el Cabildo de Santiago de Chile, a la Fundación de la Biblioteca Nacional de esa ciudad. También renunció a un sueldo que se le asignó como General en Jefe del Ejército de Chile, a la vez que devolvía una vajilla de plata que le habían regalado. Pero no fueron estos dos padres de la patria, como los llamó Mitre, los únicos que tuvieron gestos tan ejemplares. Renunciaron a la mitad de sus sueldos los integrantes del primer Poder Ejecutivo Triunvirato: Manuel de Sarratea, Feliciano Chiclana y Juan José Paso, al igual que sus tres secretarios, uno de los cuales era Vicente López y Planes; el mismo López que en 1850 diría al gobernador Rosas: "Nada me queda ya, sino despojarme del único bien paterno: mi vieja casa". En 1883 el Congreso debió acordar a Guillermo Rawson una pensión "en mérito a sus relevantes servicios", porque, con la vista casi perdida y sin poder ejercer su profesión de médico vivía desprovisto de todo recurso económico. Pero también en el siglo XX se dieron gestos dignos de recordación y homenaje. Menos conocida es quizás inédita, una actitud de Alfredo L. Palacios, expresada por carta en 1956 a su amigo Esteban Rondananina, autorizándolo a retirar del City Bank todos los dólares correspondientes a sus sueldos de embajador que ascendían a 15.000 dólares. La consigna era entregar una mínima parte a sus hermanas, y el resto a la Cancillería, pues ese dinero lo consideraba excesivo.

 

Por Carlos R. Buscemi
Escritor