Como ya hemos dicho en artículos anteriores, la familia es el mejor ámbito para cumplir el deber de impartir una adecuada educación afectivo-sexual de los hijos. Cuenta con reservas afectivas capaces de llevar a cabo la educación en el amor y la sexualidad, que comienza desde la cuna y es un deber de los padres y un derecho de los hijos.

Pero esta formación hay que hacerla de una manera adecuada. Los principales criterios a tener en cuenta a la hora de brindar la educación afectivo-sexual de los hijos son:

1º- Verídica. Ajustada a la verdad de los hechos, pero con delicadeza, sin vulgaridad ni crudeza, llamando a las cosas por su nombre. Los órganos sexuales tienen sus nombres correctos, que deben ser empleados con toda naturalidad, en vez de los nombres vulgares que frecuentemente se usan. Con niños muy pequeños se puede tolerar su uso, pero en la medida que crecen y hacia los 5 o 6 años el niño debe conocer el nombre correcto de las partes del cuerpo.
2º- Clara. Sin tantos detalles en las explicaciones que al final el niño no entienda y se confunda por la complejidad de las mismas. Solamente transmitir lo que necesita saber a su edad.
3º- Sencilla. Hablar con confianza como con cualquier otro tema que despierte la curiosidad del niño, sin que se note que este tema es algo tabú, de lo que no se habla. Siempre hay que averiguar por qué pregunta lo que pregunta, a fin de dar una respuesta acertada a su inquietud.
4º- Dialogada. Que los hijos sepan que pueden preguntar todo lo que quieran: porque es bueno que quieran saber estas cosas de sus padres. Se requiere por parte de ellos, una permanente disposición de diálogo con los hijos, sobre estas materias o sobre cualquier otra. Si no hay preguntas, entonces aprovechar las ocasiones más favorables que van surgiendo en distintos momentos de la vida. Cualquier momento puede ser el apropiado, cuando surjan espontáneamente las dudas y cuestionamientos, debemos estar preparados para abordarlo con naturalidad.
5º- Positiva. Resaltando la maravilla de la sexualidad y la afectividad. En el cuerpo no hay partes malas: todas las partes son buenas y tienen su finalidad. El sexo no es una realidad mala, sino que se ordena al amor, la fecundidad y la familia. No transferir al hijo la maldad o desorden de los adultos.
6º- Integrada. De manera que englobe los distintos aspectos que conforman la realidad sexual. Habrá que tener en cuenta tanto lo biológico, como lo psico-afectivo, lo social y lo espiritual. Escuchar los planteos de los hijos y dar respuestas con fundamentos basados en los valores. Se trata de una educación, no de una simple información, que llevará al surgimiento de las habilidades intra e interpersonales.
7º- Gradual. Adecuada a la edad, al sexo, a las características personales de los hijos, personalizada, individualizada, teniendo en cuenta las principales etapas evolutivas del ser humano. Así se realiza una educación continua y constante en todas las edades de los hijos.

 

Por Ricardo Sánchez Recio
Orientador Familiar. Lic. en Bioquímica. Profesor.