El poder se ejerce desde la "imposición”. "La autoridad se gana” desde el "ejemplo”. 

 

Cuando un ciudadano es electo en cualquier cargo, se incorpora a él, su auctoritas (todavía no ganada) y quedará a la espera de que con su desempeño se gane su auctoritas.

En el Derecho Romano, la distinción entre el potestas (poder) y el auctoritas (autoridad), resulta esencial a la hora de comprender el profundo significado de lo que implica dirigir de forma adecuada, responsable y con mucha sabiduría, los destinos de una nación, provincia, municipio o simplemente una empresa. El hecho de que ambos conceptos se empleen de forma sinónima invita a confusión; confusión, que pondría de relieve la falta de entendimiento del proceso por el cual una persona sigue con mejor o peor agrado las corrientes de las presiones de circunstancias favorables o desfavorables.

Poder y autoridad

"El poder se ejerce” desde la "imposición” en un intento de que bajo la expectativa de premio o amenaza se materialice lo que desea que se haga quien dirige. "La autoridad se gana” desde el "ejemplo” de una conducta que, teniendo por referente principios de justicia, servicio, bien común, pero por sobre todas las cosas con grandes ejemplos de valores, no se siente con derechos ni prebendas sobre los demás. Se basa en lo intrínseco. En la libertad interior de cada cual.

El poder, que se ostenta y viene con el cargo, el poder se posee; la autoridad se gana o pierde según sea el caso.

La autoridad implica que el "otro”, invadido e impregnado por su ejemplo, y sabedor de su conocimiento, honradez y rectitud, quiera hacer lo mismo, que aquel que se ha ganado su autoridad, pretende y desea que se haga. El poder, que se ostenta y viene con el cargo, el poder se posee; la autoridad se gana o pierde según sea el caso.

Se pierde autoridad cuando desde el poder se permite atentar contra la ley. Cuando no se ejerce lo que por obligación corresponde. Cuando se permite ocupar la propiedad pública o privada, agraviar a los símbolos comunes que tenemos todos, apropiarse de la idea que no siendo propia daña a su legítimo propietario o esa idea que es común a todos, cuando se permiten los vacíos de poder.

Se pierde autoridad cuando desde el poder se actúa injustamente. Cuando se retuercen las leyes y se manipulan. Se premia, y castiga también, al que responde o no al que solo manda.

En definitiva, se pierde autoridad cuando no se actúa desde el ejemplo de una conducta que no solo persigue mostrarse como uno más, sino que también intenta ser referente en el conocimiento, en el decoro personal (indumentaria incluida), en la intencionalidad de buscar el bien común, en la huida de recetas facilonas que a nada conducen o que si a algo llevan no es a nada bueno. Se pierde autoridad cuando "la barbarie” se impone sobre lo "urbanizado y civilizado”,cuando no hay respeto por la república, las instituciones o en el general cuando se dejan de lado principios y valores que todos debemos respetar.