
Entre 15 y 20% de los jóvenes en América Latina, especialmente de los países más populosos como México, Argentina, Brasil y Chile, padecen un trastorno afectivo como depresión o ansiedad. Esto significa que uno de cada cinco adolescentes sufren este mal, lo que representa un índice muy alto, siendo los más vulnerables aquellos que están en edades que van de los 11 a los 16 años de edad.
De acuerdo con la primera Encuesta de Exclusión, Intolerancia y Violencia, realizada en la región el 55% de los jóvenes confiesan estar tristes y creer que su vida es un fracaso; 13% han atentado contra su vida y un 9% han pensado en suicidarse. Es un problema serio que va en aumento.
Trastorno mental
La depresión es una enfermedad o trastorno mental que se caracteriza por una profunda tristeza, decaimiento anímico, baja autoestima, pérdida de interés por todo y disminución de las funciones psíquicas. Mientras que la ansiedad es un estado mental caracterizado por una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad.
Estas enfermedades son causadas por variación en los genes, hay personas con una predisposición biológica a desarrollar el padecimiento. Se alteran sustancias como la serotonina en el cerebro, lo cual desequilibra el estado emocional del sujeto. Esto no es determinante y si se detecta a tiempo puede curarse.
Los padres deben estar atentos y sospechar cuando hay depresión: los adolescentes tienen una caída repentina en el rendimiento académico, dificultades en las relaciones y aislamiento.
Factores estresantes
En mayor medida la depresión y la ansiedad son causadas por factores estresantes como la violencia, pobreza, acoso escolar o disfunciones dentro de la familia. Se ha observado que la combinación de estrés y factores biológicos desencadena la enfermedad.
En los adolescentes, generalmente las depresiones son leves o moderadas; los síntomas que presentan son pérdida o aumento del apetito, cansancio, trastornos en el sueño, inestabilidad y baja capacidad para concentrarse, irritabilidad, baja autoestima y poco interés por actividades que anteriormente disfrutaban. En los casos más graves aparecen ideas suicidas o de muerte.
Es común que en etapas depresivas el joven recurra al alcohol, ya que éste da al cerebro la sensación de tranquilidad momentánea, por ello los jóvenes buscan consumirlo para reducir el nivel de ansiedad o tristeza, lo cual puede producir dependencia a la bebida.
Hemos sido testigos últimamente de actos violentos cometidos por jóvenes adolescentes que cursan la escuela secundaria. Las comunidades virtuales que promueven conductas violentas están al alcance de los jóvenes, pero no todos son vulnerables a ellas.
Según los expertos, son más susceptibles los chicos cuyo entorno familiar es agresivo o permisivo y los que están deprimidos.
Algunos síntomas
El o la joven está triste, melancólico y desesperanzado durante, al menos, dos semanas seguidas. Se enoja con facilidad. Utiliza términos negativos para describirse a sí mismo. Tiene episodios de autoagresión. Presenta problemas de sueño: duerme demasiado o muy poco. No hace tareas y baja en calificaciones. No juega o juega de manera agresiva. Los padres deben estar atentos y sospechar cuando hay depresión: los adolescentes tienen una caída repentina en el rendimiento académico, dificultades en las relaciones y aislamiento.
A muchos papás estas conductas les parecen normales, propias de la edad. Pero si a una rebeldía se le suman discusiones frecuentes y conductas agresivas se debe hacer algo: acudir al psicólogo o a un orientador familiar. Pero no dejarlo pasar.
Se ha observado que los jóvenes cuyos padres se desentienden de ellos son los más vulnerables de seguir grupos que, eventualmente, pueden poner en riesgo su salud emocional o su seguridad. No se sienten protegidos por ellos.
Los padres deben fortalecer el acompañamiento y evitar la confrontación con sus hijos adolescentes. Buscar construir una relación con ellos y darles buen ejemplo, lo que aprenden en casa va a determinar como se comportan fuera de ella.
Lograr un equilibrio entre la afectividad, cariño y amor, con el respeto, autoridad y límites. Esto sin duda alguna, los protegerá de los peligros y riesgos a los cuales se está enfrentando.
Si tu hijo o hija adolescente está en una "depre”, no dejar pasar un solo día y acércalo a un profesional. Un joven no debe sentirse triste y desesperanzado teniendo toda una vida por delante.
Por Lucía Legorreta
