Hay cifras que son determinantes a la hora de considerar el deterioro de la situación social de la población, con incidencia directa en la calidad de vida y más, precisamente, en la alimentación en cada una de sus franjas etarias. Las estadísticas consignan que durante el primer semestre del corriente año el porcentaje de hogares del país que quedaron por debajo de la línea de pobreza alcanzó el 29,6%, con la particularidad de que el 40,1% de la población total pertenece a ese grupo social y que el 56,2% corresponde a niños de 0 a 14 años, la edad más crítica a la hora de hablar de la alimentación necesaria para garantizar el crecimiento y desarrollo del ser humano.
Con los niveles de pobreza en pleno ascenso y con una inflación descomunal que ya ha alcanzado a esta altura del año el 124% interanual, según el Indec, el tema de la alimentación de los menores adquiere cada vez mayor relevancia por todas las privaciones a las que los niños se someten sin tener la posibilidad de consumir los nutrientes fundamentales para su crecimiento físico y psíquico. Todo niño requiere de una alimentación básica basada en proteínas y ácidos grasos esenciales que ayudan al crecimiento y aportan energía; vitamina A para defender al organismo contra las enfermedades; yodo para el sano desarrollo del cerebro infantil; y hierro para preservar las funciones mentales y físicas. Si todos estos componentes no están presentes en la alimentación que se recibe en los primeros años de vida, período que para algunos expertos va desde el nacimiento hasta los 4 o 5 años, mientras que otros los hacen extensivo un poco más, la nutrición será deficiente afectando una etapa clave con serias incidencias en el futuro de niños que pueden llegar a padecer trastornos de crecimiento físico y psíquico que los marquen para toda la vida.
Si bien, primero la provincia y luego la nación, han intentado tener controlado este problema con los programas Mis primeros mil días y Mis segundo mil días, que contemplan asistencia médico-alimentaria en dos etapas, para niños de hasta 2 años y hasta 4 años de edad, respectivamente, que es cuando comienza su escolarización, los niveles de pobreza hacen que haya chicos fuera de esas edades, en pleno crecimiento, que no se están alimentando como corresponde. El aporte alimentario que se otorga en las escuelas a través de tradicionales programas como la copa de leche o comedores escolares no alcanza a cubrir este requerimiento ya sea porque hay mucha deserción escolar, hay padres que no envían a sus hijos a las escuelas o porque hay escuelas que no cubren este aporte.
Niños que viven con una o dos comidas al día, de las cuatro que son recomendadas, es una realidad que se vive a diario con sectores que lo asumen como normal, sin saber el mal que se está haciendo a los infantes.
Se está descuidando lo más preciado que puede tener una sociedad. Los niños, que serán los hombres del mañana, merecen plena atención alimentaria como prioridad ante una situación en la que está preocupando el destino de muchos de ellos.
