
Hay varias investigaciones que proyectan tendencias a partir de los cambios que se van a producir en la humanidad si continúa la evolución demográfica actual y la influencia sobre ella de los avances de la tecnología. Estos pronósticos estiman que dentro de más o menos 20 años (un tiempo en el que la mayoría de nosotros estará todavía vivo), el 60% de los trabajos que habrá aún no existen y más de la mitad serán realizados por las máquinas, habrá más abuelos que nietos, habrá más robots que obreros, habrá más computadoras que cerebros humanos, más sensores electrónicos dando información a las personas, que si sumamos los sentidos (vista, oído, gusto tacto y olfato) de toda la población mundial.
Por ejemplo, China ha pasado de ser quien más contribuyó al crecimiento de la población global, a ser el país en donde el envejecimiento de su población es uno de los más acelerados del planeta. En algunos años en todo el mundo, la generación más numerosa será la de los mayores de 60 años y la mitad de la riqueza estará gestionada por mujeres. De no crecer la tasa de natalidad de los nativos, la mayoría de la población europea será musulmana y es muy probable además que aumente la pobreza.
Más difícil de estimar es el comportamiento de nuevos virus, el cambio climático o la posibilidad de un enfrentamiento bélico a nivel regional o global.
Ya en el año 2000, los 189 países que forman las Naciones Unidas, acordaron proponer una serie de metas que permitían prevenir alguna de las consecuencias que están supuestas en estas tendencias. Estos buenos propósitos trataban de resolver problemas actuales que se consideran graves como los vinculados a la pobreza, la educación, la igualdad de género, la salud, la preservación del medio ambiente y la colaboración internacional entre las naciones.
Pero mientras tantos países consensuaron los "objetivos del milenio”, la tecnología y la pandemia aceleraron muchas de estas tendencias y generaron además nuevos problemas.
¡El mundo está cambiando mucho más rápido y más profundamente de lo que creemos!
Por suerte todas estas imágenes del porvenir son sólo estimaciones (más o menos apoyadas en información científica) y el futuro afortunadamente no está escrito. De todos modos es bueno mirar estos datos con atención, para reconfirmar que enfrentamos un tiempo disruptivo con profundos cambios de paradigmas sobre los cuales es urgente tomar decisiones.
Analizando todas estas tendencias y la cantidad de dificultades que padecemos los argentinos, uno podría pensar que nos puede suceder como aquello de la rana: si se la tira en una olla de agua hirviendo pegará inmediatamente un salto para no morir cocinada, pero si la metemos con agua fría y la calentamos lentamente, el pobre animal morirá indefectiblemente casi sin darse cuenta. ¿No nos estará pasando algo parecido?
En este contexto es bueno que al menos nos preguntemos: ¿Cómo lograr que la actividad política esté alineada con estos escenarios? ¿Cómo me imagino que estaré dentro de 10 o 20 años? ¿Qué puedo hacer para no terminar como la pobre rana?
Por Gustavo Carlos Mangisch
Director de Innovación y Calidad en Educación del Espacio Excelencia y de la Maestría en Nuevas Tecnologías (UCCuyo)
