La semana pasada, Mauricio Macri participó en España de una reunión en la Fundación Internacional para la Libertad, que preside Mario Vargas Llosa, y subrayó: "De mi querido país quiero decirles que debe ser la sociedad más fracasada de los últimos 70 años". Y agregó su convencimiento que "el peronismo fue el que implantó el populismo en mi país". Recuerdo que hace poco, dijo lo mismo de Hipólito Yrigoyen. 

Con todo respeto, vuelvo a repetir que el expresidente es, por lo menos, desconcertante. Sus dichos fueron no sólo desafortunados, sino más bien ofensivos contra los argentinos. En mi opinión, los que en realidad fracasaron fueron, y son, los políticos, que mezclaron ineficiencia e inmoralidad, en esos años. Salvo pocas excepciones. Es insultante que nos trate de fracasados y al peronismo hacerlo responsable de la aparición del populismo, como si este le fuese un fenómeno ajeno. Él, justamente, que soñó con ser un presidente popular. "A lo Perón". 

ESTATUA DE PERÓN

Recuerdo que en el acto de inauguración de la primera estatua de Perón en la Capital Federal, en 2015, e invitó a peronistas y esbozó la mejor de sus sonrisas cuando Eduardo Duhalde lo saludó con un "hola, mi presidente". Duhalde había llegado acompañado de los sindicalistas Hugo y Pablo Moyano y Gerónimo Venegas. Macri entonces era jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Los gremios prestaron cientos de militantes, y se cantó la marcha peronista, frente a un Macri que sonreía complacido. Y parecía no caber en sí, cuando Hugo Moyano se animó a preguntarle, con picardía, si sería el próximo presidente "¿peronista?". Era el candidato del Pro, pero aspiraba a absorber a los "compañeros" y tener su propio balcón. 

No solamente eso reveló su costado populista. Ya en ejercicio del gobierno, tuvo la mayor exposición de ese sesgo, cuando el 28 de diciembre de 2018 (fecha en que, dicen, empezó a perder las elecciones), decidió dar un golpe de timón a la restrictiva política que desde el Banco Central instrumentaba Rodolfo Sturzenegger. Había que flexibilizar sus pautas de inflación, y comenzó la época del "gradualismo", o como él dice ahora, del "buenismo". Se le llamo entonces "recalibración" de las metas de inflación, que del 10% presupuestado, se ajustó al 15%. Sin embargo, soltadas las amarras, resultó que la inflación se disparó, el dólar también, hubo de tomar préstamos del FMI y todo resultó inútil porque finalmente perdió la elección. Entregó su gobierno con 54% de inflación.

Debemos rebelarnos contra la mentira, el cinismo de falsas promesas, a la inmoralidad del saqueo de las finanzas públicas.

"PARA QUÉ"

"Aprendizajes sobre liderazgo y poder para ganar en 2023", dice la tapa de su nuevo libro, titulado "Para qué". Tendría que haber dicho antes del 2015 que venía a aprender a ser presidente. Ese amateurismo fue una causal importante de aquel atraso que achacó a la sociedad. Dice la información que en la cúpula de la UCR cae mal cuando lo escuchan hablar de "populismo light" o sugerir que en el radicalismo sobrevuelan ideas "populistas" o discursos de "buenismo". Entre los radicales consideran que Macri fue "bastante populista" durante la gestión de Cambiemos, sobre todo, por los fondos que destinó a los planes sociales y por la sanción de la ley de reparación histórica para jubilados y pensionados. "Eso fue populismo puro", dicen. 

Respecto a su estatura como estadista, recuerdo aquella vez en Salta, cuando el obispo Mario Cargnello le espetó delante de toda la feligresía "señor Presidente, llévese el rostro de la pobreza", con lo cual lo hacía responsable de su crecimiento. Lejos de humillarse, o sonrojarse, frente a la pública amonestación del prelado, insólitamente rompió el también en aplausos, como adhiriendo, tal cual lo hacía la gente. ¿Es o se hace?

ALFONSÍN, UN VERDADERO ESTADISTA

¡Qué lejos de la reacción de Raúl Alfonsín! Aquella vez en 1987, ante otro sacerdote. El día fue el 2 de abril, a cinco años del desembarco en las Malvinas, de eso se trataba la misa, y el escenario la Iglesia Stella Maris, donde el vicario castrense, monseñor José Miguel Medina, estaba pronunciando una homilía que le estaba cayendo como una piedra en el estómago al presidente. Se refirió a las drogas y a hechos de corrupción. Discurso que hizo enrojecer Alfonsín. No de vergüenza sino de indignación. Entonces, Alfonsín avisó que al terminar esta homilía quería contestar. Subió al púlpito y le clavó los ojos a Medina. "Aquí se ha hablado de coima y de negociados. Y se ha dicho esto delante del presidente, seguramente porque se conoce algo que el presidente desconoce. De modo que yo solicito también públicamente que, si alguien de los presentes conoce de alguna coima o de algún negociado, lo diga y lo manifieste concretamente".

En otras palabras, le exigió a Medina que denunciara hechos precisos o se callara la boca. En ningún momento dejó de mirarlo a los ojos. He ahí un verdadero estadista. 

Debemos rebelarnos contra la mentira, el cinismo de falsas promesas, a la inmoralidad del saqueo de las finanzas públicas. Nos habíamos acostumbrado a la mediocridad y falta de objetivos. A eso le digamos ¡basta! Debe exigirse ejemplaridad y coherencia a la dirigencia política. Se gestiona con hechos, no con palabras fáciles.

 

Por Orlando Navarro
Periodista