
Tiempo de elecciones. Tiempo para ejercitar la memoria. Y es revisando el pasado, como se nos puede iluminar este presente, que a veces se nos ocurre caótico en cuanto a calidad democrática.
La primera ley electoral data de 1821, y estableció el "sufragio universal masculino y voluntario, para todos los hombres libres de la provincia de Buenos Aires". Es decir, campo afuera, nadie se enteraba de los comicios y sobre una población de 60.000 almas, sólo votaron 300. Luego, en 1857, el voto pasó a ser "masculino y cantado". Inconveniente para el ciudadano, el "voto cantado", que le trajo problemas con el caudillo de su distrito. La amenaza, la persecución y el miedo ejercido sobre los votantes, fue la característica dominante de esos tiempos de fraude escandaloso.
Este proceso de elecciones fraudulentas, que sin embargo acompañó la época de mayor crecimiento económico de nuestra historia (algo para analizar), tuvo un freno en febrero de 1912, al sancionarse la ley de voto secreto y obligatorio "para los ciudadanos argentinos varones, nativos o naturalizados, mayores de 18 años". La Ley Sáenz Peña, nacida clara y victoriosa de una mente iluminada.
El fin de una etapa y el inicio de otra
Concluyó así una etapa y comenzó otra, en 1916, de voto libre, democrático, que llevó a la presidencia al radical Hipólito Yrigoyen. No había entonces reelección y desde 1922 lo sucedió Marcelo T. de Alvear, de su mismo signo, hasta 1928. Entonces volvió Yrigoyen, quien fuera destronado en 1930, por la revolución del 6 de septiembre, encabezada por el general José Félix Uriburu. El pueblo conoció entonces la primera dictadura o gobierno "de facto", ejercida por militares. Dio comienzo un periodo de inestabilidad política, dando espacio a gobiernos anticonstitucionales, y represivos, llegados al poder por sublevaciones, por lo general cívico-militares, en 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976.
Producto de la revuelta del 30, se dio inicio a un nuevo espacio de elecciones fraudulentas, desde 1932, la conocida como década infame. La derecha "ultraconservadora", se agrupó en un movimiento, "La Concordancia", que consideró imprescindible lo que llamó "fraude patriótico", que se justificaba con argumentos que hoy nos parecen increíbles.
Un intelectual de la época defendió el fraude porque "las mayorías argentinas por su reciente incorporación al país, no se han consustanciado con la esencia de la nacionalidad. Viven una minoría de edad. Son arrastradas por demagogos. No analizan los deberes inherentes a ese derecho que se les ha otorgado". Por lo tanto "necesitan una tutela", concluyó.
Agregamos que, aún siendo profundamente antidemocráticas, estas expresiones surgen como consecuencia de desviaciones como la demagogia, el populismo, y otras prácticas similares, que sólo tienen el propósito de comprar conciencias para perpetuarse en el poder. Solución que "puso a mano" de mentes oportunistas la posibilidad de ser reelecto, que Perón instauró en 1949 con la reforma de la Constitución. La eliminación de la alternancia alimentó el facilismo y extravió los pueblos. Por eso, aquel otro "extraviado" fue que sugirió "necesitan una tutela", solución que hoy resistimos los que amamos la democracia. La que los cultores del populismo juegan, irresponsablemente, a ponerla en peligro.
Sexto lugar entre los países más ricos
Volviendo a la década infame, es bueno resaltar que previo a ella Argentina estaba en el sexto lugar entre los países más ricos y en 1930 empieza este tobogán del cual, aún hoy no podemos salir. Es de señalar que en ese fatídico 1930, el mundo sufrió los embates del derrumbe de las bolsas, que hundió la economía, con millones de desocupados a las calles y aquí Tita Merello cantaba "donde hay un mango viejo Gómez", producto de la "mishiadura".
Con el fraude restablecido, Agustín P. Justo fue elegido presidente, "para salvar el país de la ‘chusma radical’". A Justo lo sucedió Roberto M. Ortiz, quien murió en ejercicio en 1942 y lo reemplazó su vice, Ramón Castillo. Otro golpe, liderado por los militares agrupados en el GOU, de claro tinte germanófilo, en 1943, acabó con su gobierno. Uno de sus mentores fue Perón, quien preparó el camino que lo llevó, en elecciones libres, a su primer gobierno, en 1946.
Un marcado desconcierto
Lo demás es historia relativamente presente. Perón fue derribado en 1955, por la llamada Revolución Libertadora y comenzó otro periodo de alternancia entre gobiernos "de facto" y civiles, y desde 1983 hasta nuestros días, volvió a reinstaurarse la plena vigencia de la contienda electoral. Donde la rémora de antiguas prácticas, resurgen aquí y allá, sumiendo al pueblo en un marcado desconcierto, que se traduce en la ola de abstenciones y votos en blanco, que está signando el actual proceso eleccionario. Más una posible vuelta al "que se vayan todos" del 2001.
Algo está enfermando la democracia y el pueblo expresa así su descontento. Inflación, pobreza y otros indicadores, incluidos. Sólo el ejercicio de políticas auténticamente democráticas, y sanas administraciones, hará que ir a votar sea una fiesta, con el pueblo otra vez abarrotando las urnas.
Por Orlando Navarro
Periodista
