Resultó muy auspicioso el diseño de convenio a título de primer paso consentido entre el gobierno argentino con los acreedores de la deuda externa denominada en dólares que se anunció el martes 4 de agosto de 2020. Siempre las crisis estructurales del país han tenido que ver con la denominada restricción externa, es decir, con el problema del déficit de los dólares o divisas necesarios para cumplir con los pagos internacionales sean estos para, servir la deuda en divisas, comprar bienes y contratar servicios que no genera el país y que requiere para sustentar como para dinamizar la economía. Pero de la distintas y variadas necesidades de divisas para el equilibrio de la balanza externa que se procura obtener, el de la deuda con los acreedores es la más difícil de calibrar, en una solución que sea de verdad defendible. Esto es con el objetivo de recuperación de la economía, porque estaba sujeta a plazos de vencimientos estrechos y asfixiantes, a tasas de intereses por lo general muy altos, terciado con el no menor problema de la jurisdicción extranjera para el caso de impagos. Y, porque si no se ordena el frente externo de los acreedores privados, ello conduce a que el mercado de las inversiones a nivel global se cierren. Con ello, se restringe o clausura la financiación en los mercados voluntarios como fuente de inversiones permanentes para el sector público y privado. También se suma a esos problemas de la restricción de divisas para ordenar la deuda con los acreedores privados, la problemática de las cláusulas de acción colectivas. Es decir, qué porcentaje de acreedores será suficiente para obligar a todos los acreedores respecto de la adhesión que se consiga a una propuesta formulada por el deudor soberano.
El acuerdo logrado fue conducido en lo instrumental por el Ministro de Economía, Martín Guzmán y desde la política económica, por el Presidente Alberto Fernández.
Repasemos sumariamente ese esquema: 1. Mejora la negociación con el FMI para tratar la deuda con este organismo multilateral; 2. Se corrió la frontera de los vencimientos por tres años; 3. Se redujeron los intereses de 100 a 54 %, esto es importante no solo en cuanto la deuda externa con los bonistas, sino, porque abre la posibilidad de reducir la incidencia de los intereses sobre toda la economía; 4. Las cláusulas de acción colectivas tuvieron un visto bueno, con lo cual se asegura que el acuerdo no pueda ser puesto en crisis por bonistas remisos; 5. Se corrigió el interés astronómico del bono a 100 años firmados en la gestión anterior, ya que se pactó 7,9 % cuando un bono a 10 años de EEUU está hoy contenido en un esquema de tasas reducidas y ceñida a niveles cero o negativas, ahora con la pandemia; 6. El respiro en tasas y plazos ayudará a reducir la alta capacidad ociosa del aparato productivo ya que ese proceso de crecimiento inicialmente demandará una menor postulación de dólares; 7. Se despeja el camino para solidificar la estabilidad macroeconómica para lo cual se requiere generar divisas . 8. Mejora el clima para la recomposición y recuperación de un mercado de deuda en moneda local; 9. El objetivo principal del gobierno de preservar, recuperar y crear trabajo y producción eran de muy difícil tránsito sin lograr el acuerdo alcanzado recientemente. En fin, el gobierno tratando de alinear los planetas ha expresado con razón en tiempos cruciales cuando está preparando el presupuesto 2021, en perceptiva síntesis "si no hay pandemia dependiendo de cuánto dure, y con una crisis de deuda resuelta, tendremos otra situación que esperamos que va a ser buena”, (Martín Guzmán).
Por Dr. Mario Afredo Luna
Prof. Fabián Alberto Núñez
Jáchal
