La violencia también se manifiesta desde los ámbitos de poder con medidas que van en contra del bien común y en contra de sectores como los jubilados, quienes ya hicieron sus aportes y merecen una calidad de vida mejor.

¿Cuándo comenzó la violencia en la Argentina? La pregunta viene a cuento de la exposición del Jefe de Gabinete, Agustín Rossi, ante la asamblea legislativa, quien achacó al campo, en los avatares del año 2008, el comienzo de esa violencia que hoy se observa. A veces me asombra, aunque cada vez menos, la ignorancia supina, o interesada, de funcionarios y políticos de alto rango, cuando apelan a la historia para sostener alguna teoría. Decir que la violencia comenzó con la crisis del campo, es al menos, una simplificación que soslaya hitos anteriores, y de suyo más relevantes, sobre el punto que tocó, con marcada liviandad, el jefe de ministros. En rigor, la violencia política no fue una excepcionalidad en la historia de nuestro país.

Olvida un historial profundo que, una vez superada la etapa plagada de luchas intestinas que precedió a la institucionalización de la Argentina, se focaliza hacia fines del siglo XIX. Ocurrió que después de la batalla de Caseros, el derecho a armarse en defensa de la Constitución se complementaba con el derecho a votar. Así fue como, con tal propósito, se crearon milicias entre los ciudadanos, guardias armadas y frentes de choque. Fue tomando forma una manera de ejercer la cultura cívica, emparentada con la violencia.

  • Primera manifestación de violencia política

La llamada "Revolución del Parque", quizás sea la primera manifestación de la violencia en tiempos que ya estaba vigente el orden constitucional. En efecto, el 26 de julio de 1890 se produjo el estallido, dirigido por un amplio frente opositor al régimen de origen roquista, comandado por Miguel Juárez Celman. Al frente de los insurrectos, estaban los opositores, la Unión Cívica, comandados por Leandro Alem. La revolución fue derrotada, pero Juárez Celman debió renunciar. Pero esta manifestación violenta conmovió la forma de poder que ejercía el régimen conservador, y fue así como se enfrentó un siglo XX, tal vez más violento que el siglo anterior.

Las asonadas de 1930 y 1943 dieron comienzo a un periodo de sucesivas intervenciones militares, sin pretender abarcar todos los ejercicios de violencia que sobrevinieron.

  • Gobiernos dictatoriales y constitucionales

A mediados de este siglo, estando el General Perón en ejercicio de la presidencia, la autodenominada "Revolución Libertadora" respondió a la amenaza de "al enemigo ni justicia", o aquella otra "por cada uno de los nuestros, caerán cinco de ellos", con el atroz bombardeo de la Plaza de Mayo, que procuraba ultimar al presidente y todo su gabinete.

Luego de la caída de Perón, en 1955, se alternaron gobiernos dictatoriales, con los constitucionales, aunque estos fueron de corto recorrido. En la década del 60 se conoció la represión, vino una noche "de los lápices", otra de "los bastones largos", el Cordobazo, y en los 70 la sanguinaria historia de atentados terroristas, respuestas represivas, por parte de fuerzas militares y también paramilitares, secuestros, torturas, asesinato y desaparición de personas.

Esto es violencia de verdad, le diría al Jefe de Gabinete. Frente a ella, en comparación, la crisis del campo fue "un poroto". Y advertiría, que hay otro tipo de violencia. Que se ejerce sin disparar una sola bala. Es la ejercida por este y otros gobiernos, sobre la sufrida clase de los jubilados. El manoteo liso y llano sobre el Fondos de Garantía de Sustentabilidad, la única reserva de valor que le queda a la clase pasiva, es un acto de provocación, cobarde, sabiendo que los "viejos" carecen de la fuerza de reacción que mostraron, por ejemplo, los colectiveros en el terrible asesinato de un colega, a comienzos de esta semana. Pero, cuidado, que como dijo el líder del movimiento peronista "cuando los pueblos agotan su paciencia, hacen tronar el escarmiento". 

 

  • Violencia contra los jubilados

Violencia es creer que los jubilados son, somos, estúpidos. Les sacan los bonos en dólares y les dan en reemplazo bonos en pesos, con el "caramelo" de que estos vienen con "grandes beneficios", traducidos en un régimen de actualización supuestamente mejor que otros existentes en el mercado. Responden los jubilados, "si es así, pues que se los queden ellos y nos dejen los bonos en dólares". No es que no se dan cuenta que les meten las manos en el bolsillo. Pero como no tienen esa capacidad de reacción, ni una Anses que verdaderamente defienda sus derechos (al contrario, es cómplice de la maniobra), la situación quedará así y poco a poco se irá extinguiendo ese Fondo de Garantía, como la vida de sus supuestos dueños.

Violencia lo es también que el Gobierno, nosotros, deberá pagar miles de millones de dólares, perdidos en juicios internacionales por la desastrosa estatización de YPF, con una mala praxis ejecutada al parecer a sabiendas, y el escandaloso manejo de las cifras del Indec. Una vergüenza, que seguramente quedará impune y el pueblo se sentirá violado otra vez, sin posibilidades de reacción. O que, si las tiene, las resigna mansamente. Esto, por nombrar parte de las más recientes estrellas en el firmamento de la impunidad política, es violencia de verdad, señor Jefe de Gabinete. En su más negra y triste expresión.

 

*Fenómeno importado desde Europa

Con la inmigración se conoció un fenómeno nuevo, importado de Europa, el anarquismo, que puso la lucha social como bandera, por encima de las económicas, que encarnaba el conservadurismo. Este, en cambio, ofreció como recompensa para la sociedad un sostenido periodo de crecimiento, el mejor que conoció el país. Al responder el poder estatal con represiones, la violencia se fue retroalimentando.

 

Por Orlando Navarro
Periodista