"¿Vos también vas a querer darle la teta a tu hija?".
Esa simple pregunta -que aún resuena en los oídos de Noelia Ordoñez- fue abrir la puerta a un mundo de amor. Más grande que el que ya había experimentado con el embarazo de esa bebé que por entonces tenía poco más de 7 meses de gestación.
Pese a ser enfermera y haber leído sobre el tema, para ella que no la llevaba en la panza -sino que la gestante era la sanjuanina Florencia Santi, la otra mamá- casi que se le anulaba la posibilidad de amamantar. Es más ni siquiera se lo había imaginado como opción. Pero cuando la médica asesora en lactancia, Claudia Duano y Laura Alegre, la nutricionista y puericultora elegidas para acompañarlas en el proceso de la maternidad, se lo plantearon directamente, la ilusión acrecentó el sueño. No dudó que probar la haría feliz.
Aunque a nivel médico describen el tratamiento de inducción a la lactancia como sencillo, literalmente "hay que ponerle el cuerpo" para estimular la glándula mamaria con un sacaleche en acción entre 5 y 6 veces por día, alrededor de 10 minutos en cada oportunidad. Si es a la noche, y bien tarde, mejor aún porque a esa hora aumentan los niveles de prolactina (que es la hormona que estimula la secreción de la leche), aunque el cuerpo pida descanso. También hay que tomar medicación específica, antes y una vez que el bebé ya ha nacido. Todo eso hizo Noelia, al pie de la letra, siempre con el apoyo incondicional de su "socia" en esta aventura de dar vida.
Pero semejante esfuerzo no siempre resulta exitoso. Y en este caso habían dudas porque no empezaron con el tiempo suficiente. De todos modos, del trío protagonista de esta historia se puede decir que son un buen ejemplo. Es que ya han pasado algunos meses -7 para más exactitud- de esa simple pregunta y Paulina, a sus 5 meses de vida, alterna entre las tetas de Noe y las de Flor, sin problemas y a demanda.
A esta altura de las circunstancias, la pequeña aún se alimenta exclusivamente de leche humana, sin embargo ya empezaron a sacar cuentas de los días que faltan para que empiece a incorporar alimentos sólidos. Si bien les genera curiosidad y ansiedad semejante paso, las mamás apuestan a seguir amamantándola por todo lo que eso significa para ellas.
"Es lo mejor que nos pasó a las tres. Estamos super agradecidas de la experiencia compartida de amamantar. Sería bueno que las mamás que estén en situaciones similares o adoptantes se animen a buscar información y consulten porque es maravilloso. Ojalá nuestra historia les sirva para darse cuenta que se puede y que es muy importante para el vínculo de madres e hijos. Todas podrían hacerlo porque las mujeres estamos preparadas para lactar, por supuesto que hace falta paciencia, constancia, ganas y mucho amor", dicen convencidas y conmovidas ambas mamás.

Algo más que voluntad
La médica y experta en lactancia, Claudia Duano que siguió el paso a paso de esta pareja, explica que "el tratamiento aplicado es sencillo y accesible para todas las mujeres, en cualquier condición de salud. Es bien tolerado, no es costoso y no tiene contraindicaciones, salvo que se trate de una mujer mayor de 35 años, obesa y fumadora (NDR: no es este el caso) a la que no se le pueden indicar anticonceptivos porque aumenta mucho el riesgo de trombosis. Los anticonceptivos son una de las claves del proceso".
La prioridad está en el momento del inicio. De hecho, Noelia y Flor, son la única experiencia exitosa que ha logrado hasta el momento la doctora Duano, pese a que a su consultorio han llegado otras interesadas, al menos 3 más, pero lo hicieron una vez que el bebé había nacido, entonces la estimulación es más complicada. "Lo ideal es empezar cuando la mamá gestante está alrededor de las semanas 16-18. En ese momento la no gestante comienza a estimularse con el sacaleche y deberá tomar, durante toda la segunda mitad del embarazo, anticonceptivos orales para proliferar el tejido mamario. Un mes antes de la fecha probable de parto se empieza con otra droga que es un remedio para la panza, para los gases, que como efecto secundario tiene la elevación de la prolactina. Es solo eso", indica.
En el caso de las mamás adoptivas que no saben cuando pueden darles el bebé, se complica la fecha de inicio. Pero no es imposible.
Un parto previo al embarazo
Paulina fue una bebé buscada. La pareja se había conocido por Internet pero un destino de playa fue escenario del primer encuentro, hace poco más de 11 años ya. En ese lapso de tiempo, convivieron en Buenos Aires, después en San Juan hasta que en el 2018, se casaron formalmente. Unos meses más tarde, decidieron que querían "compartir todo el amor que se tenían, con un hijo", recuerdan las palabras exactas que se dijeron.
Entonces comenzaron un proceso médico, más exigente de lo que habían proyectado. De hecho, para concebirlo primero tenían que saber quien era la que tenía las mejores condiciones para el embarazo. Ambas se sometieron a algunos estudios previos y ambas resultaron tener problemas uterinos que requerían tratamientos extra e inclusive, intervenciones quirúrgicas.
"Lo de Noelia, fue algo exploratorio. Pero lo mío fue más complicado porque tuve que hacerme una ligadura porque tenía un problema de Hidrosalpinx, que es una alternación generada por la obstrucción y acumulación de líquido en las Trompas de Falopio. Yo ni sabía de la existencia de esa patología. Si bien el médico me explicó que se podía resolver destapando las trompas, ese líquido se podía volver a formar y era ambiotóxico. Obviamente nadie se quería arriesgar. Así es que así se hizo. Esto, sumado a una serie de complicaciones con la Obra Social Provincia que nos rechazó el expediente además de la pandemia, se atrasaron muchísimos nuestros planes", cuenta Florencia. Finalmente y con el aval de una prepaga, en una clínica local se llevó a cabo el proceso de inseminación con un donante anónimo de esperma y óvulos de Noelia, en el cuerpo de Florencia. Así es que algo estaba seguro es que ella sería quien daría la teta.

"Tuvimos mucha suerte porque logramos el embarazo en el primer intento, algo que no siempre pasa. Es más, pusimos dos embriones y solo prendió el de Pauli y aquí la tenemos", recuerdan la sucesión de hechos desde septiembre del 2021 hasta que unas semanas más tarde develaron el misterio del análisis al que llaman "la beta espera": la gestación seguía su curso.
Decisión clave en las 7 lunas
"Flor como toda embarazada, investigaba todo, sabía qué cursos había que hacer y donde. En el Centro Nacer hizo un taller de lactancia, otro de preparto y llegamos a la conclusión que era muy importante tener una puericultora o alguien a quien preguntarle todas las dudas, más siendo primerizas. Así fue como conocimos a este dúo de profesionales que nos abrió la cabeza a una posibilidad única. Yo soy muy prolactancia, tomé la teta hasta los 5 años porque mi mamá era enfermera, trabajaba mucho y el amamantarme era un momento de encuentro entre ambas. Por eso cuando me preguntaron si me gustaría darle la teta a mi bebé, lo único que yo quería saber era qué tenía que hacer para lograrlo", asegura la mamá no gestante, porteña de origen pero sanjuanina por adopción.
Ni bien les dieron todo el detalle, compraron un sacaleche y Noelia comenzó un camino sin retorno para la estimulación. "Era un poco molesto y muy cansador al principio porque la glándula no secretaba nada. Lo hice despacio y a medida que podía, lo iba autorregulando. Yo ya me había hecho la idea que una vez que la bebé naciera me iba a tener que conectar un relactador, que es como una mamadera con una sondita unida al pezón, para alimentarla con leche de Flor o de fórmula, así me ayudaba con su boquita a producir mi propia leche. Esto es lo que hacen muchas mujeres a las que les cuesta dar de mamar, mamás adoptivas o inclusive cuando se trata de parejas como nosotras. Sin embargo, casi que de inmediato, la doctora Duano me recetó reforzar con medicación para hacer más eficaz el tratamiento. Y fue mágico", detalle Noelia, quien a la pregunta inicial le adosó otros conceptos claves para automotivarse con el objetivo que se había propuesto: "en los curso nos decían que el primer mes, el bebé es de la mamá que da la teta, porque el vínculo y la dependencia son directos, por más que haya otra mamá, un papá, abuelos o quien sea que acompañe a la puérpera que siempre va a tener un papel secundario. El iniciar este tratamiento me abrió la posibilidad de decirme que yo también podía estar de ese lado", dice segura de que "el intento valió totalmente la pena".
Nunca tuvo contraindicaciones ni secuelas por ingerir remedios. Tampoco se desilusionó ni desistió, pese a que corrían con la desventaja de comenzarlo a los 7 meses y medio de gestación, cuando los protocolos indican que la clave es empezar la inducción mucho antes.

Sorpresa sin panza
Tan solo llevaba 10 días de las indicaciones, cuando duchándose esta futura mamá -sin panza- observó que sus pezones tenían algo blanquecino. Atinó a apretarse y salió apenas una gotita de leche, lo que no sólo fue significativo para la pareja, sino además muy simbólico ya que las mamas de la no gestante estaban produciendo antes que quien llevaba adelante el embarazo.
"Fue tan emocionante que no vamos a olvidarlo jamás. Creo que ese día fue un gran estímulo para el tratamiento", agrega Flor.
A partir de entonces, las mamás trataban de medir las gotitas de leche que obtenían. "Eran tan poquito que ni siquiera llegaba a un milímetro. Pero era la confirmación que estábamos haciendo bien las cosas. Es más, había veces que tenía muchas guardias seguidas en la terapia intensiva del hospital donde trabajo y no podía extraerme nada ni cumplir con el tratamiento y no me salía nada. Pero igual seguía cada vez que podía. Hasta que en una consulta, me palpó Laura y me aseguró que tenía muy estimulada la mama. Eso fue tranquilizador", dice la enfermera que pese a que cuando llegó el día del parto, el 4 de mayo, tuvo que hacerse una cesárea, pudo participar del momento. Y fue maravilloso, según lo describe.
"Cuando nació yo todavía tenía unos días más de tratamiento a full con la otra droga que mantiene alta la prolactina y que, en menor dosis sigo tomando. Por eso se decidió que para que Flor aproveche el calostro y se genere la bajada de leche, que ella sea la primera en darle de mamar. Estábamos muy felices pero se le irritaron los pezones y como le resultaba insoportable, sin consultar, optamos por colocarse pezonera. Fue un grave error porque eso interfirió en la alimentación y la bebé bajó de peso, un 8,8%. Nos asustamos muchísimo. De 3,500 kilos con los que nació, pasó en pocos días a 3,100. La pediatra nos sugirió darle fórmula porque lloraba todo el tiempo y Flor llevaba días sin dormir. No sabíamos ni usar la mamadera. Fueron 4 días de leche industrializada, hasta decidimos probar conmigo", revela.
Llegó el día
"Claudia Duano nos había explicado que yo no iba a hacer calostro nunca y que a mí me iba a salir leche madura, con más contenido de grasa, que era muy recomendable para la bebé pero que a su vez la iba a llenar más y la iba a preferir por lo que yo no quería que dejara de mamar de Florencia, la idea que sosteníamos era compartir el amamantamiento. Pero fue la mejor opción que teníamos a mano. para evitar el destete. La primera que le di la teta, fue raro, al principio sentí como pinchacitos de agujas y como si su lengua fuese de un gato, un poco rasposa. Luego me hacía cosquillitas. Ella, se prendió de inmediato. Lo disfrutamos mucho las dos mamás y fue un alivio", asegura Noelia.
Ahora, ¿cómo hacen las dos mamás para darle de mamar en paralelo? Detallan que como Flor es quien pasa más tiempo con la bebé porque tiene un showroom de ropa para niños y a su vez, distribuye purificadores de agua potable, es quien la alimenta en el día. Generalmente la otra mamá, lo hace de noche al volver de su trabajo. De todos modos, de madrugada o cuando llora, le da la que tiene sus pechos más cargados de leche. Se preguntan a cada rato quién le da. Se van turnando.
"Esto es muy bueno porque desde el principio me permitió a mí descansar bien, situación que no tienen muchas mamás. Inclusive puedo bañarme tranquila sabiendo que se queda con Noe y no va a pasar hambre jamás. Paulina es muy privilegiada porque tiene 4 tetas a su disposición", dice Florencia con sana picardía, comparándose con otras madres.
La pequeña no solo les devuelve la predisposición con miradas tiernas y sonrisas cada vez que toma la leche, sino con los parámetros de su peso que inclusive, por momentos han excedido un poco lo esperable. Pero por tratarse de alimentación con leche materna, no hay problemas. Se autorregula.
"A mí me han dicho las asesoras de lactancia que deje de estimularme tanto porque tengo mucha leche. Es más lo que me extraigo en mi trabajo, lo tiro, porque me da desconfianza que se contamine llevar a casa algo que estuvo en la terapia. Por eso me encantaría que aquí pudiese existir un banco de leche para poder ayudar a tantos bebés que no tienen quien le de la teta o tantas pacientes post parto que pasan por la terapia y que por las drogas tienen que cortar la lactancia de sus hijitos. Sería muy bueno. Entiendo que no está regulado ni legislado todavía", propone.
Mientras Paulina crece a pasos agigantados, la familia tiene en Instagram su espacio @dosmamásenSanJuan, donde suben algunos hitos de su vida e inclusive, puede ser una vía de contacto para todas aquellas personas que quieran hacerles preguntas sobre esta experiencia de maternidad absolutamente disfrutada.
Abrir caminos
Sin proponérselo ni levantarlo como banderas, la pareja ha dado algunos pasos claves, no sólo en su ámbito privado sino en lo laboral. Es que cuando anunció en el Hospital Rawson que esperaba una hija, Noelia tuvo que gestionar la licencia por maternidad como cualquier otra persona. Si bien no había antecedentes, con un escrito avalado por su abogada, consiguió que le otorgaran 5 días luego del parto, igualando el permiso a los que se le otorgan a un padre y fue un logro inédito porque había un vacío legal al respecto para una mamá no gestante. Hay provincias como Buenos Aires, Neuquén o Córdoba que les corresponden los 3 meses como a una madre gestante.
A su vez, la hora de lactancia la obtuvo sin hacer mayores trámites que una simple nota y presentar la partida de nacimiento.
Por Paulina Rotman
Fotos: Maximiliano Huyema
