
Y cuando digo "el aire" digo no sólo el de su prestigiosa radio, amigo de nosotros, los sanjuaninos, estoy pronunciando el sobrenombre de los sueños, que en su caso se hizo luz en cine, el teatro, la música, la celebración de la voz (ese tesoro que usted entendió merece tener un lugar empinado cuando es emitida), y en la construcción cotidiana de cultura, nada menos.
Entiendo perfectamente y me emociona que le haya inspirado los pasos primeros aquel proyector casero que siendo muchachito recibió de su madre, y con el cual forjó odiseas que resbalaban transparencias como arroyuelos del alma por las paredes de su hogar.
Yo también lo hice (con pura ingenuidad, no con el afán de su arte), en aquellos años de fantasías, colocando en una cajita de no me acuerdo qué una bombita de luz y destilando frente a ella caseras imágenes que yo mismo dibujaba en papel traslúcid. De este modo, la pared de mi pieza era un cine, un ensueño, un desfile de duendecillos que muchas veces me encendieron luciérnagas en ojitos buscadores.
¡Qué bueno, Pepe, esto de pelearle con buenas armas al arte los homenajes a su provincia! Eso fue, entre otras utopías que usted atrapó con belleza para su buena fama y nuestro orgullo, su Made in San Juan, según mis mejores sentimientos una de sus obras cumbre.
Humildemente, me permito Invitar a nuestra gente a meterse en las redes virtuales y entreverarse con la música y los sucesos culturales de nuestra provincia, que usted colectó como rosario de besos para la conmemoración de los tiempos, nuestros tiempos, nuestros logros, nuestro quehacer, que indudablemente era el suyo.
La palabra amor, tantas veces pronunciada y acariciada en diversas circunstancias, fue jugada al ruedo en la edificación de su obra para esta tierra que tanto alabó.
Qué mejor que entregar a alguien que conocí y admiré, que se ha ido sólo un ratito y ahora se mira en el espejo de los vientos, unas palabras que una vez me brotaron seguramente del más fogoso costado del corazón, cuando escribí con lagrimones y sangre en flor lo que se merecía alguien tan generoso como usted, que también un día había tomado el camino de los recuerdos, emprendido desde el arte más noble.
Dije: escuche, amigo, sé que nos va a dejar unos instantes, para que la ausencia pueda ser llorada a sus anchas por el junquillo que usted amó en sus serranías; que se va a dar una vuelta por las viñas y los vinos celestes, porque se quedó con ganas de su provincia; que buscará los temblores de Dios en el otoño de las meliscas, y volverá presuroso a sus cosas por la vereda inmortal de las canciones. Cuando de nuevo esté con nosotros, (digo: días más, cogollos más), festejando la vida, (porque la muerte no mata acordes, lo que mata es el olvido), su pulso volverá adonde ha sido feliz abrazando hijos y guitarras y llamará a los compadres desde el grillo frutal de una cueca o el viento azul de una tonada.
Venga, hermano, tranquilo a sus cosas; usted ha sido fiel al regalo de la vida; vuelva a sus melgas iluminadas, a su tierra frutal adonde fue gorrión y utopías; venga, una farrita simple le tenemos preparada, donde le daremos las gracias por tanto.
Por el Dr. Raúl de la Torre
Abogado, escritor, compositor, intérprete.
