
Por Carlos R. Buscemi – Escritor.
Difícilmente alguien se pueda imaginar hoy cómo se veía en la ciudad aquella profunda grieta abierta en 1911 desde Plaza de Mayo hasta el Once. En la capital argentina circulaban todavía tranvías a caballo. Muchos eran los faroles que aún utilizaban gas, y al puerto seguían llegando barcos repletos de inmigrantes. La fosa de varios metros de profundidad indicaba el comienzo de una nueva era: la Capital argentina incorporaría un sistema de transporte como el que tenían solamente once ciudades del mundo. El grueso de la obra lo haría la empresa alemana Fhilipp Holzmann, con sede en Frankurt (Alemania) quien ganó el contrato para perforar el subsuelo de Buenos Aires. La obra costó en total 17 millones de pesos de entonces. Fue preciso desviar el sistema de cloacas, desagües, bocas de tormentas etc. Para excavar la tierra se emplearon cuatro dragas eléctricas que movían 5 m3 de material por hora. Según documentan los informes de la época, fueron removidos 440.000 m3 de tierra. Al finalizar los trabajos se habrían aplicado 75.000 m3 de mampostería, 31 millones de ladrillos, y 108.000 barricas de cemento Portland de 170 kilos cada una. A ella se sumaban 13.000 toneladas de tirantes de hierro y 90.000 m2 de capa aisladora. La obra en la que participaron 1.500 trabajadores se completó en 20 meses. El 2 de diciembre de 1913 se inauguraba la Línea A entre Plaza de Mayo y Once, comenzando la era del "subte”. Cada estación tenía una longitud de 100 metros y contaba con frisos de un color determinado para facilitar la identificación, ya que gran parte de sus usuarios, muchos de ellos inmigrantes, eran analfabetos.
Pero el desarrollo de este sistema de transporte urbano se interrumpió después de las obras de prolongación de la Línea A que se llevaron a cabo hasta 1914. Pasarían cerca de 15 años antes de que hubiera una segunda Línea y nuevamente fue una constructora alemana que obtuvo el contrato de construcción: Siemens Baunion GmbH, que desde entonces quedaría ligada al desarrollo de la Capital argentina.
Siemens también tuvo a su cargo la construcción de la Línea B. Iniciadas las obras en 1928 el subterráneo de la terminal Federico Lacroze quedó inaugurada en 1930. Seis años más tarde, esta empresa volvía a remover el subsuelo porteño. Construyó y equipó integralmente la Línea Retiro-Constitución. La Línea C quedó inaugurada el 11 de noviembre de 1934.
La empresa alemana Philipp Holzmann fue una de las más importantes constructoras de la época. Su aporte dejaría huellas de la ingeniería alemana. Incluso la corriente eléctrica que impulsaría a los trenes subterráneos llevaría el sello alemán. Era suministrada por cuatro usinas de la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad.
