Una de las grandes noticias del 2017 que recibieron relativamente poca atención fue el continuo avance económico y político de China en América Latina a expensas de Estados Unidos, con ayuda de la poca atención si no desdén del presidente Trump hacia la región.

 

 

Las diatribas de Trump contra México, sus ataques contra los indocumentados, sus posturas anti-libre comercio y su decisión de retirarse del Acuerdo Climático de París de 195 países para combatir el calentamiento global le están dando a China una oportunidad de oro para expandir su influencia en América Latina.

Igualmente, el retiro de Trump de la Asociación Transpacífica (TPP), un acuerdo comercial entre los Estados Unidos y 11 países asiáticos y latinoamericanos que estaba destinado en parte a frenar la creciente influencia de China en el mundo, le abrió aún más espacios a China.

Por cierto, la creciente presencia de China en América Latina empezó mucho antes de Trump.

El porcentaje de las importaciones latinoamericanas de Estados Unidos cayó del 50 % de las importaciones totales de la región en 2000 al 33 % en 2016, según el Banco Interamericano de Desarrollo. En ese mismo período, las importaciones latinoamericanas de China crecieron del 3 al 18 por ciento. Los latinoamericanos compran cada vez más computadoras y automóviles fabricados en China que solían importar de los Estados Unidos.

Mientras el presidente chino, Xi JinPing, visitó América Latina este año en lo que fue su tercer viaje a la región en tres años, Trump todavía no ha viajado a Latinoamérica. Lo que es aún peor, ha prometido construir un muro en la frontera sur de Estados Unidos, y amenaza con retirarse del Tratado de Libre Comercio de América del Norte con Canadá y México.

Además, a casi un año después de su toma de posesión, Trump todavía no ha nombrado un jefe del Departamento de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, y ha propuesto grandes recortes en la ayuda externa.

Hasta ahora, el presidente norteamericano solo ha tenido una “agenda negativa” hacia la región, con posturas anti-comercio, anti-inmigración, anti-ambientales y anti-cooperación externa, sin ofrecer ningún plan constructivo para mejorar los lazos hemisféricos. Y los frecuentes insultos contra los latinoamericanos lo han convertido en el presidente estadounidense más impopular en la región en muchos años. China, mientras tanto, está aprovechando al máximo ese aislacionismo.

El presidente del BID, Luis Alberto Moreno, me dijo que le impresionó ver a 750 empresarios chinos que habían viajado durante 28 horas desde China a Punta del Este, Uruguay, para una reunión de negocios entre China y América Latina que organizó a principios de este mes.

Trump podría comenzar asistiendo a la Cumbre de las Américas de 34 países programada para abril de 2018 en Lima, Perú, y proponer una agenda positiva para la región, con nuevas propuestas comerciales, diplomáticas y culturales, pero fuentes de la Casa Blanca me dicen que el Presidente no asistiría a esa reunión de jefes de estado de la región, lo que lo convertiría en el primer presidente de EEUU en no asistir a esta cumbre en casi 25 años. Los chinos no podrían estar más felices.

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China ejerce más predominio que EEUU en Latinoamérica.