El impacto económico global del coronavirus es imposible de eludir y lo vamos a sentir todos, más o menos intenso, según las actividades que se desarrollen en diferentes lugares, dependiendo de cuánto tarde la ciencia médica en controlar la enfermedad y los gobiernos adopten medidas de contención. El temor al quebranto masivo de empresas y entidades financieras es una realidad palpable en Occidente, mientras en China se está paralizando el aparato fabril, o la gran fábrica del mundo, como se la llama en los mercados a la segunda economía del planeta y origen del mal que nos acecha.
Haber convertido a la nación asiática en una factoría universal por razones de bajos costos laborales y facilidades fiscales es un error que nos hace despertar con el "Covid-19" debido a que prácticamente todos los países tienen una enorme dependencia del coloso manufacturero, ahora prácticamente paralizado. Es increíble como este virus está doblegando a una potencia como China, algo que hasta ahora no había conseguido ninguno de los países que compiten con el gigante asiático.
El desabastecimiento de componentes chinos cierra terminales automotrices, de electrodomésticos, informática y electrónica en general porque no se entregan componentes. Y, lo peor, ya se siente el desabastecimiento de determinados fármacos desarrollados en laboratorios asiáticos. El impacto del coronavirus en el comercio y en el turismo es incalculable pero hay una referencia actualizada de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) que estima, por ahora, pérdidas de 63.000 millones de dólares sólo en el transporte de pasajeros.
El Covid-19 hasta podría incomunicarnos por la escasez de teléfonos inteligentes. El mayor fabricante y exportador de los iPhone más vendidos del planeta tiene miles de operarios en cuarentena y plantas tecnológicas cerradas por el brote, en tanto el negocio gastronómico chino ya perdió 72.000 millones de dólares por falta de demanda. La semana pasada los mercados bursátiles globales más importantes cayeron dramáticamente después de que un gran número de empresas advirtiera sobre el impacto del brote en sus actividades, a la vez que el FMI rebajó a China su previsión de crecimiento al 5,6 por ciento.
Los pronósticos económicos pueden cambiar según se controle la enfermedad, pero de lo que no hay dudas es que la economía mundial será distinta tras el coronavirus, como cambió tras la Gran Recesión que comenzó en 2008.
