Hombres como mujeres de 45 años en adelante, con experiencia y capacidades intactas, son desechados por el sistema laboral. Esta situación hay que revertirla para potenciar el desarrollo del país.

 

"Importante empresa necesita…." ¿ Esperanza para muchos? Sí, pero no para los excluidos por las menciones aclaratorias: "Edad 20 a 25 años con experiencia (¿sic….?) "No mayor de 35 años". Se ha convenido arbitrariamente en fijar su límite a esa edad; dificultades y reparos se van haciendo cada vez mayores y más frecuentes. Para un empleo, en teoría, se requiere idoneidad, un título y/o determinados requisitos, pero en la práctica, además, hay que ser joven.

¿Por qué se supone que a los cincuenta, sesenta o sesenta y cinco años no se puede ser profesor, encargado de alguna sección, entre tantas otras profesiones y en cambio sí ser ministro como también presidente de la nación?

¿Por qué se supone que a los cincuenta, sesenta o sesenta y cinco años no se puede ser profesor, encargado de alguna sección y en cambio sí ser ministro como también presidente de la nación?

Hay un profundo contrasentido entre la edad de nuestros hombres de ciencia, la literatura, la industria, el comercio o los destacados en cualquier actividad (en el apogeo de su productividad) que no se fundamenta en la fuerza, la destreza, o las exigencias de la mayoría de los avisos que ofrecen puestos. La juventud y el aspecto físico se cotizan mucho más que la experiencia. Considero que el origen reside en defectos de la estructura social respecto del sentido del trabajo. El hombre necesita sentirse realizado y útil a los demás. Si se los deshumaniza y codifica como objeto de producción y rendimiento, la edad podría ser un motivo, lo admito, (obviamente dentro de los límites razonables). Pero cuando no tiene la oportunidad de utilizar la experiencia, esta formalidad se desvirtúa. Si la legislación vigente no puede resolverlo, si ese requisito de juventud es tan frecuente (como lo es) que es raro encontrar pedidos capaces de valorar lo aprendido a lo largo de los años; si no aparece ninguna solución, esto es muy grave: es un mal que mata aunque se siga viviendo. No se puede pasar por alto la condición humana. Prohibir trabajar a la gente madura la esta dañando, también a su familia, y, en definitiva, a la comunidad. Además ¿cómo vivirá feliz y seguro hasta su jubilación? Nada envejece tanto a un individuo en plenitud como sentirse marginado. No es exageración decir que estamos enfermando a muchas personas.

¿De qué sirve poder vivir más si es para sobrevivir? Mezquino destino para gran cantidad de argentinos capaces, pero de manera permanente eliminados de este sistema adoptado del mundo "desarrollado", pero a la vez mezquino y discriminador.

Esta nota pretende inquietar sobre un problema que avejenta antes de tiempo a personas aptas para ejercer distintos tipos de trabajos para los cuales se prepararon, desempeñaron y por lo tanto ganaron en experiencia. Tanto hombres como mujeres de más de 45 años están dispuestas a hacer coincidir su destino: el empeño personal, el progreso del país en el que han nacido y han venido a dar sus esfuerzos. El derecho a trabajar ¿se acaba antes de haber andado la mitad de la existencia? Esa es la pregunta que los dirigentes políticos y empresarios deberían hacerse para revertir la situación actual y enriquecer con gente de experiencia el despegue económico de nuestro país.

 

Por Carlos R. Buscemi
Escritor