"…Los hijos dejan la casa paterna porque deben formar sus propias familias para poder continuar al ciclo vital".

En este itinerario del amor que venimos desarrollando en artículos anteriores, se presenta a los esposos un nuevo desafío. Escribe el Papa Francisco: "la crisis del "nido vacío", que obliga a la pareja a mirarse nuevamente a sí misma" (AL,235).
Con la salida de los hijos del hogar para formar su propia familia, se produce la "crisis del nido vacío". Algunas parejas atraviesan esto con dificultad, pues han dejado "todo" por la crianza de sus hijos, y ahora los dejan "solos y abandonados". En realidad, los hijos dejan la casa paterna porque deben formar sus propias familias para poder continuar al ciclo vital. Es la ley de la vida, aunque sea doloroso. 

Puede haber dificultades de los padres para aceptar las elecciones de los hijos, tanto en ámbito vocacional como de pareja, debido a que algunos padres consideran que los hijos deben cumplir las metas que ellos no lograron o seguir la tradición familiar.

Cuando se vuelven a encontrar la pareja sola, una vez que los hijos se han independizado, pueden aparecer conflictos antiguos que habían quedado latentes debido a que se habían abocado a la crianza de los hijos. 

Puede haber dificultas para reencontrase como pareja, solos, como al principio, aceptando el paso del tiempo, y proyectando un futuro con la llegada de los nietos. Además, se pueden planear cosas que se postergaron durante la crianza de los hijos, como viajes, actividades sociales, hobbies, etc.

Se debe reconocer a la nueva familia como diferente, con características propias, aceptando e integrando al cónyuge y su familia de origen. 

Por otro lado, con el fin de la vida activa, hay que adaptarse al cese laboral o jubilación. Pueden existir dificultades para aceptar el retiro de la vida laboral para aquellas personas que basaron demasiado su autoimagen en los aspectos laborales, descuidando otros aspectos de su vida. 

Sobrevienen las limitaciones corporales y emocionales, enfermedades crónicas, mayor fragilidad, que dificulta el desarrollo de las actividades cotidianas. Ahora son ellos quienes pueden requerir cuidados físicos, emocionales e incluso económicos por parte de sus hijos. 

Puede haber dificultades en el desarrollo del rol de abuelos que deben asumir; ya no son ellos quienes manejan la crianza, sino que deben optar por una actitud de respeto por las reglas establecidas por los hijos en la crianza de los nietos. Los abuelos son los encargados de transmitir la historia a las nuevas generaciones.

Uno de los cónyuges puede experimentar la viudez. Se siente la soledad y el abandono. Esta situación produce sentimientos negativos, que unido a los problemas de salud, muchas veces hace difícil la relación del anciano con el resto de la familia.
Podemos señalar los siguientes retos en estas etapas: capacidad de desprenderse de los hijos; incorporar al cónyuge y su familia política; adaptarse al reencuentro y planear el futuro independientemente de sus hijos; adaptarse al paso de los años y sus consecuencias en la salud; aceptar la ayuda de los hijos; incorporarse a grupos de pares para realizar actividades en común.

 

Por Ricardo Sánchez Recio
Orientador Familiar. Bioquímico legista. Profesor en Química.