Una historia horrorosa, con ribetes tétricos, causó conmoción entre los vecinos del Barrio Catamarca, de Capital. Todos se preparaban para celebrar la llegada del año nuevo, pero en la casa de los ‘A’ (se preserva la identidad por la gravedad de los hechos) la situación era muy diferente. Dos ancianos eran torturados por una de sus hijas, quien padecía esquizofrenia paranoide. El 29 de diciembre de 1996 salió a la luz uno de los hechos policiales más estremecedores que la provincia recuerde.
‘M’, de 42 años, intentó asesinar a su padre, de 78, primero dándole de beber ácido muriático que había comprado para limpiar las cañerías del gas y luego estrangulándolo.
Ese domingo se levantó a las 5.30, como todos los días, para regar las plantas, bañarse y salir a trabajar, ya que pese a ser un comerciante jubilado continuaba realizando la distribución de productos de panificación. Antes de emprender viaje, su hija le ofreció una taza de té, algo que lo sorprendió mucho ya que para ese entonces la mujer estaba muy agresiva con él. ‘S’ se desvaneció de inmediato, cuando intentaba llegar a su auto. Allí la mujer lo arrastró hasta un pasillo donde había un travesaño de madera, del cual colgó una manguera que enrolló en el cuello de su padre para matarlo. Sin embargo, la manguera se cortó, impidiendo el seguro parricidio. Allí intentó envenenarlo nuevamente y, creyéndolo muerto, lo abandonó.
El hombre permaneció tirado en el piso durante casi dos días, hasta que una vecina se asomó para ver qué sucedía. ‘A’ estaba semidesnudo, con una fractura de costilla, quemaduras y la cabeza en medio de un charco de vómito.
Cuando el hecho fue denunciado por una persona allegada a la familia, comenzaron a salir a la luz más datos escalofriantes. Malos tratos de los que la madre de la mujer también fue víctima y que se habían extendido por más de 20 años. La anciana se encontraba en avanzado estado de desnutrición, ya que su hija la mantenía encerrada en una pequeña habitación de la vivienda, a oscuras, casi sin comida y dopada con somníferos.

‘A’ y su mujer tuvieron que ser rescatados por la policía y trasladados de urgencia hasta el Sanatorio Almirante Brown, donde permanecieron en grave estado. Cuando logró recuperarse, el hombre contó que siempre supo de la gravedad de la enfermedad de su hija, pero que jamás imaginó que quisiera matarlo.
“Don Simón debió internarla hace varios años, porque vivir con una persona con esos problemas es muy peligroso. La muchacha era muy agresiva, muchas veces lo apedreaba y tenía que dormir encerrado en su renoleta”, dijeron los vecinos. “Muchas veces escuchamos gritar a la mamá por los malos tratos que le daba. Varias noches nos despertamos sobresaltados por los gritos y golpes que se escuchaban en la casa. Era tétrico, las ventanas estaban cerradas y se sentía un frío que nos hacía dar miedo”, añadieron.
‘M’ llevaba una vida normal, aunque bajo las normas de una familia estricta. Según se supo con el tiempo, sus padres le tenían prohibidas las visitas y no la dejaban tener amigos. Era maestra de grado y llegó a cursar el tercer año del Profesorado de Francés. Sin embargo, a los 22 años su vida cambió radicalmente.
Luego del intento de parricidio, fue trasladada mediante engaños hasta el Hospital Mental de Zonda donde quedó alojada.
