Lo último que quiere es dar lástima. Desde chico aprendió a superar las adversidades y valerse de sus propios medios para subsistir, aunque a veces eso implica poner en riesgo su vida. Es Sergio Garbarino, de 59 años, que en sillas de ruedas desafía el peligro diariamente para ganarse el pan. Zizaguea entre los autos que paran en la esquina de Avenida Ignacio de la Roza y Urquiza para vender lapiceras. Dijo que este ‘rebusque’, además de aumentar sus ingresos, le sirve para sentirse útil y entretenerse.
Sergio ya forma parte del paisaje urbano de la esquina mencionada. Tanto, que cuando por alguna razón no está allí vendiendo lapiceras, los vecinos de la zona se preocupan. Es que hace cuatro años, cuando llegó de su Buenos Aires natal a San Juan tras el amor de una sanjuanina, esta intersección se convirtió en su nueva ‘oficina’ de trabajo. ‘Crecí convencido de que el trabajo dignifica más aún cuando se nace con una discapacidad. En Buenos Aires trabajé en diferentes empresas telefónicas y de otros rubros donde ganaba un salario bajo. Por eso comencé a vender lapiceras en la calle fuera del horario de trabajo. Y este rebusque resultó mucho más importante cuando me jubilé y mi sueldo se redujo más aún. Y ahora, con la crisis que generó la pandemia, es más que necesario’, dijo el hombre.
Pese a que la venta ambulante es efectiva para sobrevivir, Sergio dijo que le gustaría volver a tener un trabajo estable para ‘asegurarse’ un futuro. Porque entre sus planes está seguir valiéndose de sí mismo para conseguir el sustento. ‘Tengo tres hijos grandes que viven en Buenos Aires y que están muy bien. Yo tampoco estoy en una situación angustiante, pero pienso en el futuro y me preocupo. Actualmente estoy en pareja con Patricia, una sanjuanina que conquistó mi corazón, y ambos nos esforzamos para salir adelante. Y yo lo haré hasta que las fuerzas me acompañen’, sostuvo.
El calor, el frío, el viento o la lluvia no son impedimentos para que Sergio ocupe la esquina para vender las lapiceras a los automovilistas que pasan por el lugar. Tampoco, el riesgo de circular en la silla de ruedas por entre los autos. Agilidad, dominio y coraje le sobran. ‘Por varios años integré un equipo de basquet adaptada y eso me ayudó mucho. Además, nunca estuve en peligro por trabajar en la calle, aunque los sanjuaninos manejan muy mal, sobre todo porque no respetan las señales. Pero, ya me acostumbré. Recuerdo como si fuera hoy cuando cuando atropellaron a una chica frente a mis ojos, a los pocos días que empecé a trabajar en esta esquina. Me impresionó mucho, pero no me detuvo. He pasado por muchas situaciones peores en mi vida’, dijo.
Sergio nació con las piernas sin los huesos de las rodillas y del femur por lo que no pudo caminar. A los 18 años, tras la amputación de ambas extremidades, comenzó a usar piernas ortopédicas y a dar sus primeros pasos. Por 20 años usó las prótesis, hasta que le ganó el ‘sedentarismo’. ‘No es fácil caminar con piernas ortopédicas, más cuando se trata de ambas. Además, en Buenos Aires comenzaron a funcionar muy bien los colectivos adpatados y la empresa para la cual trabajaba me autorizó el teletrabajo así que preferí la comodidad de usar una silla de ruedas. Y desde el 2010 uso este medio para trasladarme. De todos modos, esto no me limitó para seguir trabajando y luchando por un futuro mejor’, sostuvo.
Luchador. Sergio Garbarino dijo que su discapacidad no es un impimento para trabajar y valerse por sí mismo. Y que lo hará hasta que las fuerzas lo permitan.
El hombre en sillas de ruedas que desafía el peligro diariamente para ganarse el pan
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