Que ella le coqueteó, que se había generado una situación de empatía que incluía a dos personas más, que fueron sólo dos besos consensuados por ambas partes y que es inocente de la fuerte acusación de abuso sexual gravemente ultrajante presentada por una paciente.

De esta manera, el médico Andrés Navarro brindó en Tribunales y ante la jueza Gema Guerrero, su versión de los hechos sucedidos el pasado 20 de abril en el interior de la Clínica CEAC. 

Visiblemente nervioso y con muchas ganas de hablar, tanto que la magistrada debió pedirle silencio ante cada interrupción, Navarro extendió su relato por casi media hora. Contó en detalle que la mujer llegó con un cuadro de hipertensión y arritmia, por lo que fue ingresada en una internación breve. "En un momento me dijo ‘usted va a ser mi doctorcito’", sostuvo.

"Fueron dos besos consentidos por ella, yo estaba trabajando, viene gente todo el tiempo, no hubo nada más. Ella me pidió mi número de celular, se lo di y me llamó para que la agende. Quedamos en juntarnos después", agregó.

El médico mantuvo un constante intercambio gestual con su abogado, Delfor Iribarren, que en todo momento le pidió calma con su mano. Interrumpió en más de una ocasión y la jueza debió pedirle que esperara su turno para hablar.

El letrado presentó como pruebas hojas impresas con los chats que ambos presuntamente mantuvieron, siempre después de esa única vez en la que se vieron, según Navarro. También el celular del acusado para que sea peritado.

Sobre el final de su relato, el hombre dio a entender que la paciente tiene problemas psiquiátricos y que a ello le adjudica la denuncia. El abogado defensor agregó que una semana antes de los hechos, tuvo un problema laboral con un colega que también trabaja en el lugar y que es conocido de la denunciante.

Según la presunta víctima, una vez en el consultorio el hombre la manoseó, besó a la fuerza y bajó su mano a la entrepierna de la mujer. Trascendió también que la mujer logró zafar de la situación y que por medio de mensajes de WhatsApp el profesional reconocía el abuso y le pedía “no decir nada para no tener problemas”.

El Ministerio solicitó 60 días de prisión preventiva, argumentando que existe peligro de entorpecimiento de la causa por parte del profesional.