
Etimológicamente la palabra cambio viene del latín "cambium", la cual hace referencia a la acción de hacer trueque, dar una cosa por otra. En nuestro entendimiento y uso del lenguaje también hacemos uso de la palabra "cambio" para hacer mención al reemplazo, sustitución o modificación.
El dicho popular reza: "No hay mal que dure 100 años, ni ‘tonto’ que lo aguante". A lo largo de nuestra historia podemos decir que son muchos los ejemplos sobre "grandes cambios sociales" que se dieron por razones muy comunes entre ellos, dicen que el "el poder corrompe", pero la permanencia en él y la falta de alternancia real, "corrompe más".
Los gobiernos de muchos imperios cayeron, más tarde o más temprano, porque desvirtuaron justamente lo que era "gobernar". Y, las sociedades de las diferentes épocas tienen un común denominador y es que se cansaron de los abusos, autoritarismo, hegemonía absurda, el nepotismo y la corrupción de sus gobernantes o conquistadores. Pasó con los "Césares" de Roma, con Alejandro Magno, con Darío de Persia, con los Luis de Francia e inclusive Napoleón tuvo su "Waterloo".
Lo cierto es que muchas veces las sociedades "cambian" por hartazgo y no por razonamientos propios del intelecto, lo cual nos lleva a otro campo que es el de la instrucción o formación de tipo intelectual, pero para poder fácilmente "cambiar", necesitamos tener ciudadanos instruidos, sobre todo en materia cívico-política, donde cada individuo que compone una sociedad sabe perfectamente sus deberes y obligaciones en una democracia republicana. Ese conocimiento lo lleva a ejercer verdaderos cambios, a la hora de votar, que son o consideran necesarios para el bienestar social y personal.
Debemos estar muy atentos con aquellos políticos que aplican él "gatopardismo político", que hicieron negocios o se enriquecieron con los oficialismos que desplazaron, so pretexto de corrupción o mala gestión.
Cambiar la mentalidad populista
La ciudadanía, para no dejarse engañar ni "tropezarse con la misma piedra" (instauración de líderes mesiánicos, caudillos o inversionistas en torno al poder para expandir y cuidar primeramente sus negocios), debemos evitar vivir tan sólo de ilusiones ni debemos caer en la idolatría hacia algún político o partido político supuestamente opositor.
Los candidatos nos deben explicar con propiedad y mucha convicción: ¿Qué visión de país o provincia tienen?, ¿qué proponen?, ¿cuál es su programa de gobierno y cuáles son sus bases o fundamentos?, ¿tienen una firme convicción y entendimiento para construir una verdadera economía de mercado en una sociedad libre y democrática, resaltando la importancia de la seguridad jurídica, la calidad institucional y la certidumbre jurídica en la protección de los derechos individuales, en el rol limitado del Estado, en las libertades económicas y en todo aquello que involucra poner en funcionamiento el verdadero desarrollo de un país?; o, proponen un estatismo, centralismo, mayor agigantamiento del Estado en detrimento o restricción de libertades individuales, promueven Estados niñeras o paternalistas, más impuestos, "planes sociales" (por todo y para todo) para crear más clientelismo, mercantilismo de Estado, etc., pues no sólo se trata de repetir frases sueltas de una Argentina o San Juan unida, democracia, justicia, libertad, paz social, progreso, etc., se requiere necesariamente asentarlas en bases sólidas de desarrollo que la concreten.
Si volvemos a lo mismo de siempre, es decir: al voto emotivo o voto visceral, corremos mayor riesgo inminente de caer nuevamente en el populismo sea este de izquierda, de derecha o de centro, no habiendo aprendido nunca la lección. Y, en consecuencia, el verdadero problema en realidad es desarraigar la "mentalidad populista" del pueblo. Esa debería ser nuestra principal tarea como argentinos y sanjuaninos para lograr juntos una mejor nación.
Cambiar para que nada cambie
Debemos tener mucho cuidado cuando pretendemos o queremos un "cambio". El "gatopardismo" o lo "lampedusiano" es, en ciencias políticas, el "cambiar todo para que nada cambie", paradoja expuesta por Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957). La cita original expresa la siguiente contradicción aparente: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie".
Si no somos capaces de transformar nuestros propios espacios políticos, difícilmente le estaremos ofreciendo a nuestro país y nuestra provincia una política distinta, eso sí, todo el "cambio", debe estar basado en la educación.
"Hombre, pueblo, Nación, Estado: todo está en los humildes bancos de la escuela". Domingo F. Sarmiento.
Por Jorge Reinoso Rivera
Periodista
