Cuando comenzaba el gobierno de Macri, cuatro años atrás, señalábamos las condiciones en que recibía el país como para trazar una línea de base de comparación. Ahora que la gestión ha terminado podemos evaluar el uso que se hizo de cada variable y lo que puede pasar con algunas de ellas para el futuro. El problema más delicado es el endeudamiento. En 2015 el país tenía problemas, pero uno que no tenía y que aparecía como una oportunidad era su deuda. Luego del largo default que comenzó en 2002 en la corta administración de Rodríguez Saá y que terminó 30 meses después por gestión del ministro de Economía de Néstor Kirchner Roberto Lavagna, Argentina quedó sin crédito pero con un nivel de endeudamiento muy bajo en porcentaje de su Producto Bruto Interno.

El problema más delicado que deberá enfrentar el nuevo gobierno es el endeudamiento.

Eso dejaba la posibilidad de obtener crédito con cierta facilidad en la medida en que se establecieran condiciones de confianza de los inversores. Macri tomó dos medidas rápidas con ese objetivo, canceló el problema con los acreedores rebeldes, llamados holdouts y aprovechó las bajas tasas internacionales para repatriar capitales fugados al exterior o escondidos en el colchón durante la gestión Cristina. Los holdouts, acreedores que no aceptaron las propuestas de Lavagna, mantenían al país fuera de los mercados voluntarios de crédito al no permitirle salir completamente del default. Restaba un 7% del total de los papeles emitidos en manos de los llamados también "fondos buitre" y éstos habían acudido al juez Griesa de los tribunales de New York. Luego de arreglar con ellos se tentó a quienes tenían dinero no declarado afuera o adentro con muy baja tasa de castigo fiscal y otras ventajas. La tercera medida fue levantar el cepo cambiario, el mismo que Macri debió reinstalar al final de su mandato, es decir, la restricción a la compra de dólares por los particulares. El crédito reapareció y se pudo tomar dinero a una tasa alta pero razonable para un país que salía de la quiebra. Hoy la proporción de endeudamiento llega casi al 100% del PBI con dos agravantes: gran parte vence en los próximos 10 años y 3 cuartas partes están nominadas en dólares. ¿Qué consecuencias trae esto? Una, que todos los años venideros el país deberá demostrar que tiene sobrante de liquidez fiscal como para hacer frente a los vencimientos. Hoy no la tiene como lo demuestra que el Poder Ejecutivo acaba de tomar del Banco Central 1.300 millones de dólares de efectivo para hacer frente a diversas obligaciones. Es bueno recordar que la plata del Banco Central no es del gobierno, sino de todos nosotros o por lo menos de todos los bancarizados.

La solidaridad, para ser genuina, debe ser voluntaria y en la actualidad es obligatoria.

De ahí que la independencia de la madre de las entidades financieras debiera ser total, que no lo es. Otra, que si bien la mayoría de los países tiene deudas cuyo monto total supera el 100% de su PBI, la tienen nominada en su propia moneda, lo cual deja un margen de maniobra mucho mayor al no depender exclusivamente de exportaciones o precios internacionales de los productos exportables. Si se relaciona deuda con exportaciones, se advierte que, a mediano plazo y de mantenerse las condiciones actuales de nuestra economía, el ahogo no tardará en llegar. En ese panorama es difícil entender el castigo impositivo a exportadores, la disminución de su competitividad y el empeoramiento de las condiciones generales de su actividad. La solución de tomar dinero de donde lo hay o lo puede haber puede servir a cortísimo plazo pero es mala señal para alentar inversiones directas, quien arriesga puede pensar "si pierdo dinero pierdo yo, pero si gano me lo lleva el Estado". Volviendo al tema de la deuda, el "reperfilamiento", término acuñado por el FMI con el caso griego unos años atrás, soluciona sólo el problema de la que está emitida en pesos que, como venimos diciendo, representa apenas la cuarta parte del total. Es la porción más fácil también porque la principal acreedora es la Anses y su Fondo de Sustentabilidad, basta levantar el teléfono para que el funcionario puesto por el Ejecutivo otorgue las refinanciaciones. Que el crédito voluntario ha desaparecido lo muestra el índice de riesgo país que desde hace tiempo alcanza límites de quiebra. Se llama crédito voluntario a aquél que se consigue ofreciendo tasas, plazos, etc, como cualquier operación normal en que se pide y presta dinero. Lo del FMI está agotado y fue el mayor préstamo otorgado a un país miembro en relación con su capacidad de pago.

La mayoría de los países con deuda está nominada en su propia moneda y no en dólares.

Conclusión, durante varios años el gobierno de Alberto no podrá contar con fuentes de financiamiento que no sean la de sus propios ahorros o la suba de impuestos o, la emisión de moneda. Martín Guzmán, el ministro de Economía ha dicho que no hay lugar para la emisión, algo lógico con una inflación de más del 50 por ciento anual. Quedaría bastante espacio para la repatriación de capitales, Macri consiguió unos 70 mil millones de los 300 mil que se estima los argentinos tienen guardados afuera o en sus cajas de seguridad. ¿Se está sugiriendo algo en ese sentido? ¿El discurso oficial predominante apunta a atraer ese dinero? Por ahora no se ha escuchado nada. Sería prematuro evaluar si realmente se ha pensado en no pagar o si el mensaje crítico hacia esa situación "se privilegió la renta financiera" etc. Es solo un mensaje para que sea escuchado hacia adentro. Néstor Kirchner tal vez haya sido el más duro con el FMI pero fue el único que pagó absolutamente todo y de una vez.