El marcado aumento del dólar de fines de la semana pasada y los esfuerzos del Gobierno por fijarlo en el orden de los 18 pesos, intervención que sucede por primera vez desde que se estableció el tipo de cambio flotante, no ha hecho otra cosa que dar señales a los inversores de lo que en materia cambiaria y valores de cotización de bonos de inversión se puede esperar próximamente.

Si bien el techo puesto al dólar mejora la expectativa de los exportadores, que consideraban a esta moneda un poco atrasada, alienta a los inversionistas a buscar otras alternativas de mayor ganancia, tal el caso de las letras Lebac del Banco Central, que cotizan en el orden del 27 por ciento. De cumplirse esta ecuación muchos estarían vendiendo dólares para pasarse a los bonos, lo que en la opinión de analistas económicos no sería mal visto por las autoridades del Banco Central, ya que una mayor existencia de moneda norteamericana mantendría su cotización a raya, evitando la suba de precios y por lo consiguiente la inflación. Estos factores son muy tenidos en cuenta en estos momentos preelectorales, ya que pueden actuar en contra de los candidatos oficialistas en las próximas elecciones legislativas.

Los movimientos de capitales de dólares a Lebac, sumado a las atractivas tasas de interés bancarias que están en el orden de los 10 puntos porcentuales por encima de la inflación esperada para los próximos 12 meses, son los que lamentablemente están reactivando la denominada "bicicleta financiera", que no conduce a ningún lado ya que se trata de una actividad meramente especulativa ("carry trade") que impide que los capitales sean volcados a la producción de bienes y servicios.

De todas formas, se sabe que en el Banco Central no se quiere mencionar el término "bicicleta" dado que no se trata de inversiones con ganancias garantizadas y mucho menos exentas de riesgos.

Lo más grave de esta situación es que mientras los capitales buscan refugiarse en ámbitos que les ofrezcan mayor rentabilidad, nuestro país sufre la falta de inversiones por ese comportamiento especulativo que no deja crecer ninguna actividad. Todo esto sumado a las nuevas disposiciones de encaje bancario, los bancos tienen pocas posibilidades de prestar dinero a pequeños emprendedores o a las pymes.