Siempre he dicho que la Semana del Agua, que anualmente se desarrolla en el mes de octubre, debería constituirse en una de las principales fiestas de San Juan y estar incluida en el calendario turístico.

Como se sabe, entre los actos organizados por el Departamento Hidráulica -que cumplió 75 años de vida en septiembre del año pasado-, se encuentra la emotiva ceremonia central de bendición de las aguas y ofrenda floral en el dique José Ignacio de la Roza. No es necesario abundar en detalles, pero a manera de aportar argumentos, diremos que el río tiene su propio historial con sus cíclicas intervenciones. 

 

No olvidemos que de él dependemos y de él depende la vida en los tres principales valles, es decir si nuestros ancestros rendían homenajes y sacrificios al sol y como en San Juan ya tiene su fiesta, pues en la misma medida se le debe tributar al agua, que es su hija fruto de su romance con la nieve en las cumbres cordilleranas.

Es lo que con todo respeto, procuro interpretar en un texto que escribí a pedido del recordado Guillermo Barrena Guzmán en los últimos tiempos de su intendencia de la Capital, por intermedio del poeta José Campus, director de Cultura de la comuna. Él quería presentar una cantata -coro y orquesta por supuesto- en la noche de gala del 13 de junio de 1990, pero Guillermo nos dejó físicamente antes y aquella idea se convirtió en una coreografía que puso en escena el ballet -San Juan Nuestro Tiempo-, con la presencia del nuevo intendente, Javier Caselles. El titulo de la obra era "La Segunda Fundación”, pero no se puede hablar de fundación sin mencionar al río que es el único testigo vivo que tenemos de aquel día de 1462.

"El río ya estaba allí; misionero de quebradas, vientos y vegas. Venía con rumores de altas cumbres, con sus porfía de siglos. Allí estuvo confidente del Huarpe a lo largo y a lo ancho de su asombro. Allí está, testigo de los tiempos, y es ahora -siglo XXI- otra vez el río, el que vio nacer a los sanjuaninos "desde la aldea hasta la ciudad, desde el adobe al cemento, desde el surco al laboratorio, desde el aula a la ciencia, desde las parras hasta la luz del vino”.

Es el río el que sigue convocando, el que espera, el que se enamora de las "tonadas con olor a mosto y cantos de lagares; con arados y chimeneas; con oro y plata; con su energía virgen; con el acta de Núñez abierta para nuevos descubrimientos, para nuevas fundaciones”.

En 1995 participé en representación de SADE San Juan de la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires, por invitación de la Fundación El Libro, en un panel sobre el tema "Geografía Literaria Argentina -Zona Centro-”. En la ocasión me referí al paisaje en la poesía sanjuanina, y volví al río, a nuestro río, y al canto de los poetas, como el de Leónidas Escudero, Rogelio Pérez Olivera y Lizzie Gallo.

El Huarpe conoció el río cuando era libertad de cóndores y nubes. Muy lejos en el recuerdo quedó su belicosidad de potro salvaje. La ingeniería le puso vallas de cemento. Llegó el tiempo de contemplarlo en su quietud, en su paz, en su luminosa belleza…

 

Por Carlos H Quinteros   Periodista.