Celebramos este 25 de marzo los 25 años de la Encíclica "Evangelium vitae", de San Juan Pablo II Magno, sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana. Documento que anuncia "el Evangelio de la vida, que está en el centro del mensaje de Jesús, y acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las épocas y culturas" (n.1). Por ello, se debe tener muy presente, difundir más y poner en práctica, particularmente en nuestro país, donde "amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias" (n.4). Con honda preocupación constatamos que "opciones, antes consideradas unánimemente como delictivas y rechazadas por el común sentido moral, llegan a ser poco a poco socialmente respetables" (n.4). ¿A qué se debe esto? Se ha instalado una "nueva situación cultural" (n.4), una "especie de conjura contra la vida" (n.4) que el Papa llama "cultura de la muerte" (n.12), de donde surgen nuevas formas de agresión contra la dignidad del ser humano: anticoncepción, esterilización, aborto, técnicas de reproducción artificial, eutanasia, experimentación y selección de embriones, etc. (n.13-17).
Ahora bien, ante esta "lucha dramática entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte" (n.95), ¿qué podemos hacer? El Papa señala que hay que trabajar para que pueda "madurar un fuerte sentido crítico, capaz de discernir los verdaderos valores y las auténticas exigencias". Para ello, "se debe comenzar por la renovación de la cultura de la vida dentro de las mismas comunidades cristianas. Muy a menudo, los creyentes, incluso quienes participan activamente en la vida eclesial, caen en una especie de separación entre la fe cristiana y sus exigencias éticas con respecto a la vida, llegando así al subjetivismo moral y a ciertos comportamientos inaceptables" (n.95).

 

Frente a la "anticoncepción y la mentalidad anticonceptiva" (n.13) el Santo Padre expresa que "la labor de educación para la vida requiere la formación de los esposos para la procreación responsable" (n.97). "La ley moral les obliga de todos modos a encauzar las tendencias del instinto y de las pasiones y a respetar las leyes biológicas inscritas en sus personas. Precisamente este respeto legitima, al servicio de la responsabilidad en la procreación, el recurso a los métodos naturales de regulación de la fertilidad: éstos han sido precisados cada vez mejor desde el punto de vista científico y ofrecen posibilidades concretas para adoptar decisiones en armonía con los valores morales. Una consideración honesta de los resultados alcanzados debería eliminar prejuicios todavía muy difundidos y convencer a los esposos, y también a los agentes sanitarios y sociales, de la importancia de una adecuada formación al respecto. La Iglesia está agradecida a quienes con sacrificio personal y dedicación con frecuencia ignorada trabajan en la investigación y difusión de estos métodos, promoviendo al mismo tiempo una educación en los valores morales que su uso supone" (n.97). En efecto, la auténtica alternativa promovida por el Magisterio de la Iglesia para la paternidad responsable es la planificación familiar natural (Catecismo, 2370). Especialmente, el método Sintotérmico, que presenta una eficacia del 99%, se adapta a cualquier situación y puede ser usado en ciclos regulares e irregulares, lactancia, perimenopausia, etc. (PNF, Guía para la prestación de servicios. OMS, Ginebra, Suiza, 1989).

 

"Es urgente una movilización general de las conciencias y un común esfuerzo ético, para poner en práctica una gran estrategia en favor de la vida. Todos juntos debemos construir una nueva cultura de la vida" (n.95).

 

 

Ricardo Sánchez Recio

 Orientador Familiar. Bioquímico legista. Profesor e Instructor.