La imagen es insólita. Una moto de gran cilindrada cruzando la Plaza 25 de Mayo, a la altura del monumento al Maestro de América, Domingo Faustino Sarmiento. Qué paradoja, justo delante de quien abogó por la educación de sus compatriotas. Jamás pensé ver algo así. Esto ocurrió el miércoles pasado, a media mañana, en el contexto de una protesta de organizaciones sociales, acostumbradas a cortar las calles. De todas maneras, no hay excusas por parte de nadie al momento de no permitir la libre circulación por la vía pública, porque así lo establece la Constitución Nacional, como tampoco hay excusas para transitar en vehículo por la plaza principal de la provincia. Sin embargo, esto me lleva a darle a este suceso algunas lecturas. La primera es que las leyes y el respeto al prójimo no se ponen de manifiesto. Ese respeto tampoco existe para la autoridad y viceversa. Que cada agrupación, sea política, social o sindical, no toleran límites de ninguna clase, menos aún a para sus semejantes, que son tratados con intolerancia. Y, que las autoridades de turno nunca cumplen con la Constitución Nacional en lo que se refiere a despejar las calles y rutas de cualquier tipo de protestas. Esto, para no cargar con costos políticos.

 

En este contexto, aquellos que están privados de transitar libremente por las calles, tampoco respetan, y toman, como en este caso, un lugar histórico como la Plaza 25 de Mayo, circular en vehículo. Este conductor ni siquiera cruzó caminando con la moto a su costado, sino que lo hizo sobre ella con el motor en funcionamiento.

En síntesis, la crisis moral que vivimos viene desde hace muchas décadas. Debemos tener la actitud de cambiar de una vez por todas. Y esos cambios vienen de respetar la Constitución Nacional y Provincial, como también del aprendizaje de valores, que se enseñan desde el hogar.