Esa experiencia cambia al que la vive, descubre en Cristo la Fe y se conoce a sí mismo. En esa experiencia hay un significado que permanece y puede ser transmitido a otros, eso nos hace testigos.

Los que vieron a Jesús tienen una experiencia que no queda en la individualidad, tiene proyección en la comunidad cristiana como participación de lo que dice el testigo. El testimonio tiene fuerza para participar de la proclamación del evangelio aún en una situación cotidiana. El testigo puede dar a su mensaje la fuerza de la convicción sobre lo que dice, por haberla visto.

En este caso se trata de haber visto La Palabra de Dios hecha hombre, se ve el cambio que esa Palabra ha producido en quien la pronuncia: se da el impulso a anunciar la nueva buena desde lo que ha visto. Eso se ve en el encuentro de Jesús con la Samaritana (Jn 4-1 ss).

Se ve cómo la disposición a escuchar, en este caso la samaritana, ayuda a ver a Cristo. Jesús comienza el diálogo pidiendo agua "dame de beber", la sorpresa que se produce en los discípulos que llegan era natural, la mujer no tenía en ese tiempo la estima merecida, además era samaritana y judíos; además hablaron en público. A la samaritana extrañada porque un judío le pide de beber. Jesús aprovecha para iniciar la revelación "si conocieras el don de Dios y quién es el que te lo dice: Dame de beber", tú mismo se lo hubieras pedido, y El , te habría dado el agua viva (4-10).

La samaritana no entiende porqué Jesús no tiene con qué sacar el agua, pero Jesús usa la palabra agua aludiendo a la revelación, además le dice a la mujer cosas de su vida personal, entonces la samaritana dice "Yo sé que el Mesías llamado Cristo, debe venir. Cuando Él venga nos anunciará todo", Jesús le respondió; "Soy yo, el que habla contigo" ( 4-25,26)

"Hoy el encuentro con Cristo continúa, Él se quedó con nosotros en la Eucaristía. Cristo está presente, es nuestra fuerza".

Cuando Jesús dijo "yo soy", la mujer corrió a decir lo que había visto, pensó en el Mesías. El encuentro con Cristo lleva a anunciar la buena noticia la mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente; Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías? (4-28,29),

Hoy el encuentro con Cristo continúa, Él se quedó con nosotros en la Eucaristía. Cristo está presente, es nuestra fuerza. El Verbo que asumió nuestra naturaleza está con nosotros cuando anunciamos su enseñanza, pero también cuando somos testigos de la experiencia que vivimos en el encuentro con Él. En la Eucaristía hay un encuentro, una experiencia que nos ayuda a asumir la misión de testigos. Anunciamos a Cristo resucitado, está presente en el Sacramento. El compartir la Eucaristía es una experiencia que trasciende la individualidad, ayuda a la formación de una comunidad de fe, lo dicho antes, que la experiencia del encuentro con Cristo trasciende la individualidad, llega a la comunidad, tiene sentido de participación, me hace testigo, así fue al principio.

En este tiempo de Cuaresma podemos pensar cómo ser mejor testigos.
El anuncio del Evangelio desde la participación en la Eucaristía nos ayuda a ver que el Padre se revela a Sí mismo en Cristo. Anunciamos a Cristo, que es la revelación del Padre.

En este tiempo cuaresmal, manifestemos que Cristo es Dios y está vivo por siempre entre nosotros en la Eucaristía, por tanto, proclamemos su Evangelio.

 

Por el Prof. Manuel José Castillo
Doctor en Filosofía