"Un ser humano puede ser lo más fuerte que quiera pero ninguno más fuerte que sí mismo", valga esta frase para aquellos que no tienen ningún porvenir. La urgencia de un futuro se manifiesta en que en tanta tecnología nadie se escucha y todos se mandan mensajes automáticos. En nuestra sociedad actual: ¿Tenemos algún porvenir? Lo vencedores de varias batallas siempre se la tuvieron que ver con algún enemigo lejano, que ocasionalmente por esas cosas del destino, les paralizó su acción. Cuando una persona va a tomar una decisión drástica y la hace pública en las redes sociales tomamos conciencia. "Viejos o jóvenes, todos hemos experimentado algo, lo venidero no es totalmente nuevo, pues no hay nada nuevo bajo el Sol, cuando lo venidero es lo pasado". Los adolescentes merecen ser escuchados. Los adultos también. Algo dicen si la inteligencia está atenta al instinto de lo mecánico, automático.

 

Actualmente, en ese sentido, muchas personas necesitan ser escuchadas. La gran prueba de ello es la cantidad de mensajes que se pasan permanentemente los jóvenes en este contexto de la hiperconectividad tecnológica. Mensajes de texto por celular, whatsapp, facebook, instagram, todos adelantos presentes, que también atestiguan la necesidad de un porvenir. La idea filosófica nos ayuda a pensar si vemos que construir el presente no implica quedar atrapado en él. El ser humano a diferencia del animal, con la inteligencia que da el pensar tiene capacidad para escapar. Es que si el instante de estar pendientes del aparato nos domina no queda lugar para el porvenir. Y, construir el porvenir, tampoco implica descuidar el presente, porque un enemigo venidero peor paralizará nuestro cerebro.

Eso somos, en la era de la hiperconectividad, resultamos como seres absorbidos de presente. Una vida colmada por la exterioridad del alcohol, violencia, drogas, exitismos, novedades, ansia de logros, que nos impiden escuchar ¿Quién es el responsable de lo que nos pasa? Somos nosotros mismos, cuando preferimos correr para asegurar nuestras cajas fuertes, al no permitirnos parar la exterioridad por un instante para oír.

Es decir, cuando un navegante vacila, cuando todo es infinito, oscuro, o si las nubes en el cielo solo presagian la tormenta por venir, el náufrago siempre mira hacia las estrellas para no olvidar su orientación.

Precisamente, el huir de sí mismo, ha creado el gran enemigo venidero con la falta de lo "eterno". Es que el concepto de eternidad es lo que realmente trasciende a este mundo, con algo de interioridad, en el sentirnos un poquito más seguro de nosotros mismos, más allá de los ahorros en el bolsillo ¿Cuál es el poder de lo eterno sobre el ser humano? ¿Tenemos algún porvenir? Es que desde la simple valoración de expectativa veremos la importancia que tiene el saber escucharnos a nosotros mismos, el saber dar un apoyo a aquella persona que necesita ayuda. Mira, ¡La puerta está abierta! ¡Véncela! Porque solamente aquel que la venza podrá huir del sí mismo automático en la fortaleza eterna que da el escuchar y el ser escuchado.

Diego Romero, Periodista, filósofo y escritor.