
Ahora que hemos remontado gran parte de la cuesta de la vida. Ahora que ya estamos cerca de la colina y nos preparamos para hinchar los pulmones con aire fresco y puro. Ahora que ya estamos cerca de doblar el codo de los ochenta, hemos criado los hijos, disfrutado los nietos, algunos los bisnietos. Ahora que tenemos tiempo para nosotros, estar más con los nuestros, con los amigos, estirar las juntadas, guitarrear sin límite de horario. Ahora nosotros, sobrevivientes de un largo tiempo donde mezclamos alegrías, penas, algunos logros, satisfacciones y desencantos, como cualquiera, y creemos que hemos al fin aprendido a vivir. Ahora, justamente ahora, ya cerca de la cima, el cielo se nubla de pronto, y algunas tormentas amenazan con echar todo por la borda.
El precio de los años
Como un rayo disparado desde los contrafuertes de la vida, se nos vienen encima ciertos padecimientos y adversidades, aunque sabemos son propios de este tiempo. Que, no respetan nada y pugnan por bajarte y hacerte pagar el precio de los años. También, justo en estos momentos, inesperadamente, como una mano misteriosa que nos extienden desde el más allá, surge desde muy adentro la fuerza indómita del espíritu, de la actitud positiva. Esa predisposición guerrera conque enfrentamos los vaivenes de la vida y ahora nos sirve y viene en nuestro auxilio para enfrentar el caos de la molesta enfermedad, u otra contrariedad, que amenaza y es real.
Lo digo porque nos viene pasando y hay algo para contar. En primer lugar, notamos que lo que le pasa a alguno del grupo, lo tomamos como propio. Y segundo, y muy importante, que cada uno de ellos nos alentó a que no nos preocupáramos. Uno nos enseñó que había tomado esto como algo que lo haría mejor y que lo superaría no solo con el efecto benéfico de los medicamentos, sino con la fuerza poderosa de su mente.
Se inspiró a mirarse positivamente y proyectar una actitud sanadora sobre las partes enfermas de su cuerpo. Nos dijo que estaba leyendo abundantemente lecciones de autoayuda, de control mental, de meditación, y todos los días nos sorprende con un saludo fraterno, deseos de un gran día y la tranquilidad de saber que pronto se pondría bien. Aparte de seguir juntándose seguido a cantar y guitarrear en su huerta.
Otro, nos hizo saber que respondió a la invitación de dos amigos para subir los escalones de la Difunta Correa y que esa experiencia lo había conmovido tanto, que empezó a convencerse que podría superar el mal trance y nos invitaba a confiar en la protección divina. Hasta nos alegra cada día con una tonada y exige el grito cuyano que uno de ellos, justamente, ensaya con esmero y gusto.
Un tercero, nos envía fotos desde su cama de hospital, mostrándonos su dedo pulgar hacia arriba, con una sonrisa en los labios, y reenviándonos chistes varios y otras cosas divertidas, mientras nos avisa que "hoy me siento mejor". Pero he notado otro acontecimiento, del que pocas veces se habló entre nosotros.
Dios, presente
Es como un descubrimiento, no solo el de las fuerzas escondidas que llevamos dentro, sino también al detectar la presencia de Alguien, que nos damos cuenta siempre estuvo allí, y sale a nuestro encuentro, como al hijo prodigo que estaba perdido, nos abre los brazos y nos conforta con el poder sanador de su divinidad.
Dios, siempre Dios, en todo momento. Y aprendimos a orar, a confiarle la recuperación de nuestros amigos, apelando también a la gracia intercesora de su Divina Madre.
Son días muy intensos estos que estamos viviendo, siguiendo de cerca la firme recuperación de cada uno de ellos, sintiéndonos más unidos que nunca y, sobre todo, palpando la asistencia protectora de Aquel que espero pacientemente a que volcáramos su mirada hacia Él. Nosotros, que jugábamos al malevo que cantaba "ya no me falta pa’ completar más que ir a misa e hincarme a rezar", hoy nos fiamos en la fuerza sanadora de la oración para que nuestros amigos superen este mal trance y retornen a la mesa bien tendida que nos sabemos regalar cada tanto. En definitiva, estos muchachos nos están dando una lección de fe.
Por Orlando Navarro
Periodista
