Luego de un álgido debate parlamentario y social, España decidió legalizar la eutanasia.

Hace poco más de un mes, después de un álgido debate parlamentario y social, España ha decido ingresar al ámbito de los 9 países que mantienen el régimen legal de la eutanasia. Entendemos por ésta el procurarse la muerte propia para evitar sufrimientos y dolores crónicos. También se le suele llamar "suicidio asistido”, normalmente por el médico y personal sanitario.

Pero podemos preguntarnos: ¿qué bien se sigue de la eutanasia? ¿Es un capricho de la ley o de una mentalidad ya poco dispuesta a asistir al anciano? ¿Hay razones para vivir aún con límites? Veamos el tema desde su inicio.

 

  • Un hecho inevitable

La primera tarea del hombre maduro ante la propia muerte es considerarla como hecho real, inevitable, susceptible de interpretación y de integración a la vida. Esto postula la necesidad de desvelar el sentido último del impulso humano por pervivir, por escapar al impacto mortal. 

Pero no podemos. Morir no es una posibilidad más sino que es el fin ineludible de nuestra biografía. Pero dentro de sí hay una semilla de eternidad que, por ser irreducible a la sola materia, se levanta contra la muerte, y nos alza la frente hacia un horizonte inacabable, junto al Dios de la Vida. El espíritu humano pervive más allá de la muerte, justamente porque no es materia. 

El filósofo francés Emanuel Lévinas anota: "Un amor más fuerte que la muerte: fórmula privilegiada”. Lo que llamamos amor, es fundamentalmente el hecho de que la muerte del otro me afecta como la mía. El amor al otro es "la emoción por la muerte del otro. Es mi forma de acoger al prójimo”. Por ello, un ideal es morir naturalmente rodeado de los brazos del amor. Sí morir en la ternura, como reflejo de haber vivido en esa ternura. Y además, sabiendo que la ternura del Padre Eterno nos espera.

 

  • Sentido de la vida

Ayudar al enfermo, al que intenta el suicidio, al depresivo, es intentar descubrir persuasivamente un sentido de la vida. Y hasta un sentido al dolor, como por ejemplo, el sentido redentor. Ni venimos de la Nada ni somos nada ni vamos hacia ella. Venimos del Amor y hacia allí vamos.

Hay que considerar al agua, alimentación por cualquier vía y el alivio de los analgésicos como medios proporcionados y ordinarios de toda terapia para un enfermo terminal. Son medios normales y como tales, obligatorios para todo paciente. Hay que distinguirlos prudentemente de los medios desproporcionados o extraordinarios, que no gozan de una esperanza cierta de éxito o de beneficio para el paciente y como tales puede ser utilizados en lo posible o bien pueden en algún momentos, faltar. 

 

  • Una ley de la vida

Aceptar la muerte es aceptar una ley de la vida. Hay que evitar toda forma de eutanasia, pues nadie puede provocar la muerte de otro. Cambiaría del todo la misión del médico, de su yo ordenado a dar vida y no a quitarla del medio. También se ha de evitar el encarnizamiento terapéutico, que brota de una voluntad ciega y emotiva.

Es muy justo que nadie quiera ver el sufrimiento del ser querido. Por ello la necesidad de los analgésicos o la sedación. Pero el argumento de "piedad” que se aduce, no es justo ni alcanza para anticipar la muerte de nadie. Es adueñarse de una decisión -del cómo y el cuándo- que no le corresponde a la persona humana. 

 

Por Pbro. Dr. José Juan García
Vicerrector Universidad Católica de Cuyo