En mayo del 2022, Carlos Sebastián Famar Fue condenado a tres años de prisión condicional (sin cárcel) por abusar de su hijastra. Luego fue expulsado de su trabajo como policía federal y el último viernes fue detenido por golpear a su expareja, por lo que volvió a quear involucrado con la Justicia provincial.

Según informaron las fuentes, el 30 de diciembre sobre las 22:15 y en el interior del Barrio Aramburu, donde funciona un lubricentro, Famar recibió la visita de su expareja, quien le pidió que no la molestara más ya que hacía unos días que habían terminado la relación.

El expolicía insistió en retomar la relación y, ante las reiteradas negativas de la mujer, cerró el portón del taller y le dijo que no la iba a dejar ir. Le recriminó que por culpa de ella había perdido su trabajo en la fuerza federal, que le había arruinado la vida y la llevó hasta un baño en construcción. Allí la empujó, la agarró de los pelos, la tiró al suelo y le empezó a pegar en su rostro.

La violencia continuó y luego la agarró fuertemente de sus brazos y muñecas para seguir pegándole en distintas partes del cuerpo. También amagó con golpearla con distintos fierros que hay en el taller, pero no lo hizo.

Ante está situación, la damnificada comenzó a pedir ayuda a los gritos y fue escuchada por personal policial de comisaría 27º, ubicada justo enfrente del lubricentro. Al arribar, personal policial abrió el portón corredizo que se encontraba sin traba y observó que Famar tenía agarrada del cuello a la mujer, por lo que de inmediato procedió a su aprehensión.

Ahora a Famar le imputaron lesiones leves agravadas por el vínculo en contexto de violencia intrafamiliar y de género. Se espera que en los próximos días reciba su castiga luego de que este lunes el caso tuviera un cuarto intermdio hasta que Famar cuente con un abogado particular.

El ahora exsargento de la Policía Federal fue condenado en mayo a 3 años de ejecución condicional por abusar sexualmente de su hijastra. Luego de la sentencia, se conocieron detalles de los abusos cometidos y, según fuentes judiciales, en el último ataque el sujeto le preguntó a la víctima "si le gustaba".

Fiscalía pretendía para él una condena de 10 años, por considerar que los abusos sí existieron, que de acuerdo al Código Penal fueron gravemente ultrajantes, que dejaron un grave daño en la salud de la niña y debían considerarse agravados por la situación de convivencia. Sin embargo, el jueves el juez del caso, Federico Rodríguez, entendió que de las pruebas sólo se desprendió que el policía (actualmente en disponibilidad) había cometido abusos simples (manoseos) contra la menor y lo condenó a 3 años de ejecución condicional (sin encierro). Entre las condiciones que el magistrado le impuso para no ser detenido (siempre estuvo libre), se destacan: abstenerse de consumir alcohol y drogas, no molestar de ninguna manera ni acercarse a menos de 300 metros a la menor o a su padre.

El caso había sido denunciado el 20 de julio del 2021. Fue después de que la niña (de unos 15 años) le comentara a una prima sobre los abusos sexuales que sufría a manos de la pareja de su mamá. Entonces esa otra chica le dijo la tremenda revelación al padre de la jovencita y, tras la denuncia, el fiscal Roberto Mallea y la ayudante fiscal Andrea Insegna, motorizaron una investigación que incluyó el relato de la niña ante psicólogos y las conclusiones de esos profesionales, testigos, el informe de un médico, entre otras evidencias que, a su entender, confirmaron los dichos de la víctima.

De la investigación se desprendió que cuando la joven tenía 13 años de edad, sin poderse precisar con exactitud la fecha y valiéndose de la permanencia del imputado en la vivienda familiar, de la cercanía con la menor y aprovechando la ausencia de la madre, Famar tocó con sus manos las partes íntimas de la menor.

También lograron acreditar que los abusos por parte del policía federal hacia la menor comenzaron en diciembre del 2020, prolongándose durante varios meses, consistiendo en besos en la boca y reiterados tocamientos en las partes íntimas (pechos y vagina). En una oportunidad, el hombre le subió el buzo que tenía puesto la damnificada, le bajó el pantalón y la tocó por debajo de la ropa interior.

En ese sentido, la Justicia estableció que los hechos sucedieron aproximadamente cuatro o cinco veces, con similares circunstancias de lugar y modo, en el domicilio familiar al que concurría el imputado en virtud del vínculo de pareja con la progenitora.

El último episodio, aproximadamente dos meses antes de la denuncia, sucedió en el sillón del comedor de la vivienda familiar, en ocasión de acercarse la menor a saludar a Famar y, aprovechando éste que la madre de la joven se encontraba en el baño, le pidió a la víctima que abriera las piernas, haciendo ella fuerza para mantenerlas juntas a fin de evitar el tocamiento y así forzando Famar con sus manos la apertura de los miembros inferiores pata tocar sus partes íntimas. En esa oportunidad, luego de cometer el último ataque sexual, el sujeto le preguntó a la joven "si le gustaba".

La defensa había cuestionado la acusación, sobre todo los informes y la pericia psicológica porque entendieron que la menor estaba atravesada por una historia bastante conflictiva, con problemas alimenticios y trastornos de personalidad que impedían atribuir el daño en su salud mental a ataques sexuales que, de todos modos, negaron tajantemente.