Pablo Schlogl, ese hombre simpático, pinta de europeo, de risa permanente y de, por sobre todo, apellido difícil (tanto que todos lo pronuncian como "Esleguel"), dejó el mundo terrenal a los 61 años. Deportista por naturaleza vivió a full en el entorno que a él le gustaba. Ayer, después de soportar una dura y prolongada enfermedad, falleció en su Barreal soñado. En el lugar que él se sentía auténtico. Donde comandó junto a sus hijos un hostel al cual caían los turistas extranjeros que disfrutaban de la naturaleza. Y Pablo les servía de guía. Los llevaba a su hábitat: La montaña.

Pablo, que largó con las escaladas a los 14 años, alcanzó notoriedad a mediados de 1993 cuando junto a otros 8 montañistas hizo cumbre en el Monte Shisha Pangma (una de las montañas más alta de la Tierra, ubicada en el Tibet) en la cadena montañosa del Himalaya. Antes, en la década del "80, ya se desempeñaba como Instructor de Andinismo en la UNSJ. Pablo fue un personaje querido por todos. Sus restos ya descansan en el cementerio de Barreal. Justo ahí, su tierra.