
El cuento del escritor Hermann Hesse, premio Nobel de Literatura en el año 1946, "La Ejecución", sirve como introducción a esta nota donde abordaremos el tema del fanatismo, de tan desafortunadas consecuencias para el conjunto social.
"En su peregrinación, el maestro y algunos de sus discípulos bajaron de la montaña al llano y se encaminaron hacia las murallas de la gran ciudad. Ante la puerta se había congregado una gran muchedumbre. Cuando se hallaron más cerca vieron un cadalso levantado y los verdugos ocupados en llevar a rastras hacia el tajo a un individuo ya muy debilitado por el calabozo y los tormentos. La plebe se agolpaba alrededor del espectáculo. Hacían mofa del reo y le escupían, movían bulla y esperaban con impaciencia la decapitación.
¿Quién será y qué delitos habrá perpetrado -se preguntaban unos a otros los discípulos- para que la multitud desee su muerte con tanto afán? Aquí no se ve a nadie que manifieste compasión ni que llore.
Supongo que será un hereje -dijo el maestro con tristeza.
Siguieron acercándose, y cuando se vieron confundidos con el gentío los discípulos preguntaron a izquierda y derecha quién era y qué crímenes había cometido el que en aquellos momentos se arrodillaba frente al tajo. Es un hereje, decía la gente muy indignada. ¡Hola! ¡Ahora inclina su cabeza condenada! ¡Acabemos de una vez! En verdad ese perro quiso enseñarnos que la ciudad del Paraíso tiene sólo dos puertas, ¡cuando a todos nosotros nos consta perfectamente que las puertas son doce!
Asombrados, los discípulos se reunieron alrededor del maestro y le preguntaron: ¿Cómo lo adivinaste, maestro? Él sonrió y, mientras echaba de nuevo a andar, dijo en voz baja: no ha sido difícil. Si fuese un asesino, o un bandolero o cualquier otra especie de criminal, habríamos visto entre las gentes del pueblo pena y compasión. Muchos llorarían y algunos hasta pondrían el grito en el cielo proclamando su inocencia. Al que tiene una creencia diferente, en cambio, se le puede sacrificar y echar su cadáver a los perros sin que el pueblo se inmute".
Sólo la educación puede terminar con el fanatismo que pone en jaque continuamente a los principios democráticos.
Analogía con la pasión de Cristo
Hermann Hesse es conocido por sus novelas y poemas que exploran temas relacionados con la espiritualidad, el individualismo y la búsqueda de sentido en la vida. Su relato tiene marcada analogía con el pasaje bíblico central de la cosmología cristiana. La pasión de Cristo. Siendo "el maestro" de la narración, quien observaba aquella escena de la ejecución, asimilándola a la suya propia. Aquella vez cuando el pueblo prefirió liberar al delincuente Barrabás y no a Él, por entonces considerado un hereje.
Supo en carne propia la fuerza incontrolable e irracional del fanatismo, que puede expresarse en varios estadios de la vida de una comunidad. Como la política. Pero que torna en peligrosa cuando se vincula con asuntos de la religión. Así, el culto lleva a sus feligreses a esa especie de extrema adhesión por su "Dios", considerando enemigo a todo aquel que difunda una confesión distinta. En la historia de la humanidad, es un punto recurrente las atrocidades cometidas en su nombre, que no acepta otra creencia y que premia con el paraíso, a quien es capaz hasta de matar o inmolar su propia vida, en su nombre.
El fanatismo religioso es "un tipo de fanatismo mediante el cual el sujeto se cree dueño de la verdad absoluta y atemporal, de la cual no se puede hacer la más mínima crítica o reflexión". Guerras, genocidios, asesinatos y actos terroristas, se acumulan copiosamente en la historia de la humanidad, en respuesta a esa manifestación violenta, del culto extremo a una religión.
Líderes manipuladores
En el desarrollo de la vida política, hubo incontables casos de líderes manipuladores, que apelaron a ese sentimiento tan primitivo y violento, como es el fanatismo, para asegurarse la adhesión incondicional de sus seguidores. Hábiles manipuladores de conciencias endebles, mal instruidas, que son incapaces de distinguir el bien del mal. Pueblos sumidos involuntariamente en la ignorancia, son presa fácil de ese tipo de dirigentes, que están sedientos de una adhesión incondicional, para lo cual no existe mejor método que darles "pan y circo" (perdón por la obviedad), y mantenerlos en la escasa ilustración para hacerlo presa fácil de sus oscuros designios. Como si fueran esclavos. Al punto de hacerlos capaces de tolerar, o ignorar, sus actos delincuenciales. Así, no es extraño que no adhieran a un justo, y en cambio ignoren o nieguen las venalidades de un delincuente.
Conclusión: sólo la educación puede terminar con el fanatismo, que pone en jaque continuamente a los principios democráticos.
Por Orlando Navarro
Periodista
