Ya sea que se haya tratado de elecciones para elegir autoridades provinciales o municipales, no se puede dejar de destacar la altura con la que algunos dirigentes políticos están afrontado estas compulsas, evitando inútiles enfrentamientos que lo único que logran es profundizar las diferentes maneras de pensar, en perjuicio de las políticas de consenso que después de los actos electorales son necesarias, para intentar sacar a cada jurisdicción y al país en general, de la difícil situación socioeconómica en la que se encuentra.

Hemos tenido algunos casos que sirven de ejemplo sobre cómo se debe proceder y afrontar una compulsa electoral, a la que todos los candidatos concurren imbuidos de buenas intenciones y dispuestos a solucionar los problemas que aquejan a la sociedad a la que representan pero que, en ocasiones, las empañan con descalificaciones hacia sus oponentes políticos, sin medir las consecuencias del mal que le hacen a la convivencia que debe prevalecer entre ciudadanos. A pesar de la feroz campaña que se suscitó en un primer momento por la intendencia de la ciudad de Córdoba, al conocerse los guarismos del acto electoral, el dirigente y candidato de Juntos por el Cambio, Rodríguez de Loredo, reconoció su derrota ante Daniel Passerini, el actual viceintendente y dirigente de "Hacemos Unidos por Córdoba", la agrupación que lidera el justicialista Juan Schiaretti. Más allá de lo que pueda generar una derrota electoral De Loredo reconoció el triunfo de Passerini de buena manera y admitió que lo que se buscaba era una nueva forma de gobernar a la ciudad de Córdoba en beneficio de la gente. Por su parte el intendente electo, al día siguiente de las elecciones, en su condición de médico, estuvo atendiendo pacientes en un centro de salud de la ciudad y manifestó que la compulsa ya había pasado y que la vida continuaba.

El otro caso de ejemplar comportamiento lo tuvimos en nuestra provincia con el triunfo de Orrego sobre el candidato del gobernador Uñac. Ni triunfadores, ni derrotados asumieron actitudes inadecuadas y se llamaron a darse los tiempos para la convocatoria de una ordenada transición, que es el objetivo que se han fijado para antes del 10 de diciembre.

Las elecciones de Chubut también pueden ser vistas como un ejemplo de civismo, al haberse definido por un escaso margen. En unas elecciones muy cerradas Ignacio Torres, de Juntos por el Cambio, le ganó al oficialista Juan Pablo Luque. Si bien en un principio Luque generó cierta intriga al decir que él había ganado, cuando todo se aclaró saludó a Torres reconociendo su victoria y señaló que se ha tratado de un "acto de salud democrática y de calidad institucional".

Conceptos y comportamientos que ponen de manifiesto la madurez democrática de muchos dirigentes del interior del país, que debe servir de ejemplo para las futuras instancias electorales que vendrán de ahora en adelante, y en las que la dirigencia política deberá demostrar que está a la altura de las circunstancias para que, cualquiera sea el resultado y lugar que ocupen, esté dispuesta a colaborar con el engrandecimiento del país.