
La tradición oral relaciona una generación con las siguientes. El boca a boca va describiendo la historia de un barrio, un pueblo o una ciudad, y a la vez construyendo una identidad. Hace unos días, el "Lucho" Salcedo Garay, presidente actual de Del Bono, subió a nuestro grupo una nota de Raúl de la Torre, escrita en 2005, en ocasión del primer campeonato oficial ganado por los "bodegueros". Fue publicada en DIARIO DE CUYO y en ella, el autor describe lugares, personajes y vivencias, como si hubiese sido nacido y criado en la Esquina Colorada. Evocaciones como la del "Negro" Ávila, aquel arquerazo que tuvimos en los años 50 y 60, la del famoso trío de Villalba, Peña y Muñoz, la de los hermanos Astorga, capaces de dar la vida por Del Bono, enriquecieron aquella nota que está para ponerla en un cuadro. Edgar Villalba nació sobre la calle San Miguel, frente a la calle Balcarce, que dos cuadras más arriba lleva a la cancha. De chiquito, me cuentan, ya brillaba en las divisiones inferiores, y su debut en primera se dio de manera sorpresiva y por un hecho casual. Guido González, y "Golo" Tapia, ambos ya de ochenta y tantos largos años, me trajeron el recuerdo de aquel momento. Eso es tradición oral. Nos ubicamos en los mediados de la década del cincuenta. Jugábamos con El Globo, de visitante. Se encontraba Edgar, un pibe, con algunos amigos dispuestos a ver el partido trepado a una pared. Esa tarde faltó uno de los titulares y alguien que lo había divisado allí, lo llamó. "Bajate, Edgar, vas a jugar". Dio un salto y se metió en los vestuarios. Y viene a enriquecer esta anécdota, una jugada típica de la picardía que hizo gala en toda su carrera. Tras un ataque de Del Bono, la pelota se fue y era saque de meta para El Globo. Villalba volvía hacia su campo, pero tenía la atención puesta a sus espaldas. Ya había visto que el arquero contrario la jugaba con un compañero fuera del área y este se la devolvía para que sacara "de aire". Eso, que hoy no se permite, antes era común. Y Edgar calculó el momento en que eso ocurría e imprevistamente se dio vuelta y con un pique corto de gran velocidad, interceptó el pase, tomó la pelota y clavó lo que sería su primer gol en primera división. Después, la lista se haría interminable. Historias que pintan canas y que pasan derecho al sitial recóndito de los recuerdos.
Por Orlando Navarro
Periodista
