
Un día de hace algunos años recibimos la invitación de la prestigiosa Camerata San Juan de compartir con ella una serie de conciertos. Creo que fuimos uno de los primeros intérpretes folklóricos que tuvimos esa satisfacción y honor.
Al día siguiente de nuestra aceptación, enviaron un experto fotógrafo y construyeron imágenes exquisitas destinadas a promocionar los recitales.
Era una tardecita apacible cuando llegamos al primer ensayo, en una de las salas que el Auditorio Juan Victoria tiene destinada a esos fines; casualmente -y quizá por algunos de esos vericuetos del destino- la misma enorme sala donde grabamos nuestro primer larga duración, con músicos sanjuaninos, la participación técnica del genial de Don José L. Rocha y la Dirección Artística del Maestro José Luis Giacomini, que el sello envió con ese propósito a nuestra provincia.
En el primer ensayo con la Camerata nos esperaban los músicos de la distinguida formación musical. Allí conocimos a Enzo Pérez, creador de los maravillosos arreglos musicales; al violín excelso del concertino, el maestro Pablo Grosman y al director, el hoy desaparecido Plis Steremberg.
Desde el primer roce con esa linda gente, que se tradujo en el cariñoso "bienvenidos" de Gala Grosman cuando entramos al recinto, todo fue amable y enmarcado en un clima de cordialidad y afecto; porque ellos todo lo hacen fácil y deleitable, virtud de los auténticamente grandes.
En todo momento, entreverar nuestro canto con ellos fue un parto de luz. Entonces el grupo estaba integrado por grandes jóvenes músicos de la provincia, de otros lugares del país y algunos extranjeros.
El abrazo que nos brindaron no se agotó en el prodigio intransferible de expresar juntos la música. Nos sorprendieron con la noticia de que habían seleccionado ocho canciones de nuestra autoría para integrar los conciertos y así nos regodeamos de compartir esta experiencia en el magno Auditorio que nos prestigia ante el mundo y en otros escenarios de la provincia, que incluyó hasta la Iglesia de Villa Krause.
La Camerata San Juan nos pone a los sanjuaninos de pie ante el país y el continente. Sus grandes conciertos, de los que pueden distinguirse los de los domingos en el Juan Victoria y otros sitios de la provincia, son agasajos al público que los sigue con una fidelidad y amor conmovedores. No siempre se brinda arte musical a sala repleta, particularmente si se trata de arte parido en la provincia, porque la gente sabe que si hoy no lo ve podrá verlo otro día en otro escenario. Se tiene la incuestionable sensación de que La Camerata se ha convertido en un alimento esencial al alma; aquello que no puede faltarle a los sentimientos profundos y básicos, como pueden serlo la cotidianeidad de un despertar al cielo abierto en el campo o el abrazo de un ser querido compartiendo comprensión, amor o complicidad con lo necesario para sentirse feliz.
Ellos se han encargado de demostrar, con la simpleza contundente de lo imprescindible, que la buena música vence a los engendros de mal gusto, a las malas aventuras con un arte que nace con el primer llanto ante el primer cielo del primer día de vida, resultando desde ahí invencible lo que tradicional y universalmente se denomina: "el arte de crear y organizar sonidos y silencios respetando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo", noble tarea.
Por el Dr. Raúl de la Torre
Abogado, escritor, compositor, intérprete
