
La aparición, hace unos meses, del ChatGPT (Chat Generativo Previamente Entrenado) aplicación que funciona simulando mantener una conversación con una persona al darle respuestas automáticas previamente establecidas, conocidas como chatbot, ha llevado a plantarnos una serie de interrogantes vinculados a la utilidad de esta aplicación y el aprovechamiento que se le puede dar en diversos ámbitos, tanto en lo laboral como en la educación.
Dadas sus características, una de las dudas que genera su utilización es cómo afrontar la preocupación de los empleados por su continuidad laboral. En ese sentido los primeros análisis que se están efectuando -ya que la irrupción de esta tecnología es demasiado reciente- señala que una manera de fomentar la aceptación de la IA (Inteligencia Artificial) entre los empleados de una empresa es dejarles en claro, desde un principio, cómo redirigir las energías y el tiempo que quedan libres precisamente gracias al uso de la IA. Otra cosa que funciona es transmitir la sensación de que la IA es gobernable. Estudios realizados recientemente por la revista Sloan Management Review del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y del Boston Consulting Group revelaron que la capacidad de controlar las herramientas de la IA hace que los empleados sean más propensos a usarlas.
CONOCIMIENTO DE LA IA
Uno de los aspectos que no están muy claros es si realmente hace falta que los empleados entiendan como funciona internamente la IA. Uno diría intuitivamente que conocer el razonamiento de un algoritmo debería ser mucho mejor que no entender como funciona. Pero hay científicos y académicos de la Universidad de Harvard, el MIT y la Universidad Politécnica de Milán que opinan que explicar y entender demasiado puede convertirse en un obstáculo. Esto quedó demostrado en estudios que determinaron una mayor aceptación al uso de IA por parte de empleados que no se interesaron mucho en conocer cómo funcionaba.
GRADO DE ACEPTACIÓN
Para la mayoría de los científicos el impacto que tendrá ChatGPT y otras IAs no solo dependerá de lo que estas aplicaciones puedan hacer, sino -en lo que consideran más importante- en cómo nos hagan sentir y de las emociones que nos despierten. Hay ejemplos de este fenómeno que se pueden explicar así; Aprobar un préstamo o el ingreso de una persona a un club de campo, cuando las toma una máquina o una persona causa distintos efectos. Se ha llegado a la conclusión de que cuando la persona es rechazada, siempre se reacciona de la misma manera, pero cuando es aceptada, y a esto lo hace un algoritmo genera menos satisfacción que cuando es aprobada por un ser humano. Esto es así, porque para explicar las decisiones desfavorables, las personas sacan conclusiones rápidas, sin importar quien las tome. Pero les cuesta atribuir un resultado exitoso cuando son evaluados por una máquina. "La gente quiere sentirse especial, no simplemente reducida a una constelación de datos"".
Otro ejemplo está relacionado cuando las IAs se utilizan en asuntos estrechamente vinculados con los sentimientos humanos. Científicos indios llegaron a la conclusión de que en el objetivo de lograr la pérdida de peso, los usuarios de una aplicación móvil, algunos de los cuales usaban solo el entrenador de inteligencia artificial y otros combinaban con un entrenador humano, llegaron a perder más peso los que usaban el entrenador humano, al ponerse metas más difíciles y exigentes y ser más meticulosos con sus actividades.
Con todo esto, las primeras investigaciones referidas al uso de las IAs, tal el caso del ChatGPT han determinado que su impacto dependerá no solo de lo que puedan ofrecer o hacer, sino en cómo nos hagan sentir y que emociones nos despierten.
EL CHATGPT Y LA EDUCACIÓN
Expertos en el análisis de IAs han coincidido en que ChatGPT "nos pone a las puertas de una nueva cultura del aprendizaje" que nos lleva a "repensar el modo en que se prepararán las clases y se tomarán las evaluaciones en las escuelas y universidades".
Aunque los especialistas consideran que en vez de intentar ir contra la corriente, el único camino posible es encontrar el modo de incorporar la IA a la enseñanza como sucedió con internet.
Se señala que estamos en un momento en el que la IA puede hacerle daño a la educación, pero al mismo tiempo estamos aprendiendo a sacarle provecho, y que ese es el camino que se debería seguir.
Por Redacción de DIARIO DE CUYO
Fuente: The Economist
