Las inversiones son como el agua y el abono, riego y nutrición para que crezcan las plantas. Tienen poco prestigio y poco conocimiento público porque se las percibe alejadas de la gente común y supuestamente propias de ricos o especuladores. En los países desarrollados hasta los empleados de más baja categoría participan de alguna empresa aportando pequeños montos y a ese fin van dirigidos los seguros de vida, de retiro, de salud, fideicomisos para educación de los hijos y otros. Son comunes programas exitosos en los medios masivos de comunicación dedicados a seguir el curso de los índices de empresas industriales, bancos, compañías tecnológicas, servicios. En nuestro país predomina el plazo fijo que eso sí es pura especulación, confirmación de la inflación crónica y a la corta, préstamos encubiertos al Estado. El Estado neutraliza su déficit también crónico por sostener subsidios no siempre necesarios o planes sociales que intentan, sin éxito, suplir al trabajo y la ganancia genuinos. Inversión y robusto mercado de capitales es poner la plata necesaria para mantener lo que se tiene y, además, proveer los nutrientes de la ampliación de una fábrica o la innovación de un servicio.

Inversión es sostenimiento de la riqueza actual y empuje para la creación de bienes que no existen o incremento de los que ya estaban a disposición de los consumidores haciendo todo más eficiente y bajando los costos. Crear algo, satisfacer una necesidad, encontrar la variación genética que acelere la crianza y calidad del ganado, curar una enfermedad, prolongar la vida. La variedad es inmensa, casi tan infinita como nuestra imaginación. Pero la inversión, que necesita plazos largos para dar frutos depende de la confianza. ¿Confianza en qué? Siendo algo sin garantía de éxito y considerando que la pérdida irá siempre por nuestra cuenta, debe haber confianza de que, si nos va bien, ganaremos algo y que si ganamos mucho nos aplaudirán en lugar de ser sujetos de crítica y víctimas de impuestos.

Debe haber mercados transparentes, no intervenidos, garantizar la competencia y no ayudar a los incapaces igualando a todos. Nuestro país no es un ejemplo de promoción de inversiones sino de lo contrario, la fuga de capitales. En este último tiempo se ha verificado la salida no sólo de empresas sino también de los empresarios más exitosos, como Marcos Galperín de Mercado Libre, la compañía de logística más grande de Argentina y una de las 50 más grandes del mundo o Gustavo Grobocopatel el gran exportador de granos o aceite de soja. ¿Qué tendrá Uruguay que no tenemos nosotros? ¿Por qué se va esta gente? Pero sería una anécdota que estén afuera si el dinero quedara aquí. No es así.

Nuestro país no es un ejemplo de promoción de inversiones sino de fuga de capitales.

El Merval, es el índice que mide la presencia de inversiones en acciones o títulos de los negocios más representativos de los distintos sectores económicos: energía, finanzas, construcción, servicios, exportaciones, fábricas de acero, aluminio, cemento, transportes…La composición de ese club se va cambiando cada tanto para que siempre resulte una representación lo más exacta posible de la realidad de las inversiones en el país.

En el gráfico que ilustra esta nota (Ver infografía), que ha sido elaborado con datos ajustados al valor del dólar en cada momento por el Banco Central, se advierte la evolución o mejor dicho involución de las inversiones en Argentina: De los más de 1.700 puntos en 2018 a los apenas 455 de fines de febrero.

La cotización del dólar es la oficial, la única que usa el Banco Central. Hubo una época en que teníamos un sólo dólar y en aquél caso no había más que un único índice a tener en cuenta. Hoy podría haber varios, según fuera el tipo de cambio que tomáramos, pero si usáramos el más popular, que es el "blue", bajaría a sólo unos 200 puntos. Traducido, nadie apuesta a poner dinero en alguna empresa argentina sea del rubro que fuere.

No habiendo dónde colocar el dinero excedente, va a parar a los commodities.

Es cierto, en todo el mundo ha caído la inversión en promedio, están casi sin actividad los hoteles, los restaurantes, el turismo, gran parte de los transportes, sobre todo los internacionales, vuelos, navíos, sin público en los espectáculos, cine, deportes, festivales, etc., es por eso que suben los precios de las materias primas que se transforman en refugio como los metales preciosos. No habiendo dónde colocar el dinero excedente, va a parar a los commodities.

Como se observa en el gráfico, hubo a partir de 2016 un ascenso como de montaña que tuvo su techo en 2018 para comenzar a derrumbarse hasta los pobres números del año pasado. La caída ya había comenzado en 2019, mucho antes de que se supiera que llegaría la pandemia, ahora se ha estabilizado en una meseta extremadamente baja. No da la impresión de que este año pudiera variar mucho, falta agua y abono para que crezca esa planta que es la economía pero lo que más falta es la confianza, el éxodo no se detiene.