
Ciertamente que un país no queda definido únicamente por su territorio y recursos naturales. Es más bien el resultado de la interacción entre éstos y la sociedad que lo habita, en el transcurso de los años. Por ello resulta iluminador dar una mirada histórica a ciertas naciones que, indiferentes a todo pronóstico, alcanzaron encumbradas metas. Existe un país tan atípico como notable que, valiéndose de la coherencia, buscó deliberadamente un destino, no se lo encontró por accidente.
Se trata de Islandia, emplazado en proximidades del Polo Norte, noroeste de Europa. Abarca la isla principal y otras menores, con una escasa población de algo más de 366.000 habitantes. Un accidentado territorio, salpicado de glaciares, desiertos y volcanes activos, desafía indómito con un sordo bramido desde sus entrañas. Justamente el celebérrimo Julio Verne, en su "Viaje al centro de la Tierra”, hace que los protagonistas inicien su atrapante periplo desde las profundidades de un volcán inactivo en Islandia. No representa dato secundario el que se encuentre al margen de las rutas marítimas transitadas, tanto comerciales como turísticas.
Algo de historia
Recién en el año 874 un colono noruego la habitó, antes nadie lo había hecho, y desde entonces fue recibiendo unos pocos inmigrantes, predominantemente noreuropeos.
Desde 1262 a 1944 formó parte del reino de Noruega y posteriormente de Dinamarca, de quien finalmente se independizó. Pero su economía era rudimentaria, básicamente pesquera y de subsistencia. La resignación a un destino mezquino se debatía con la determinación de construir otra realidad, digna de un espíritu que sentían maniatado.
Durante todo el siglo XX, hasta fines de los ’80, la economía islandesa estuvo fuertemente socializada, con fuerte presencia del Estado en cada aspecto de la realidad, y un sector privado asfixiado por burocracias, regulaciones e impuestos. Si bien subsistían, cualquier sistema que marchita la energía y la voluntad de una sociedad, ensombrece toda perspectiva.
Esta agotada realidad constituyó la oportunidad para un nuevo enfoque político a comienzos de los ’90, el Partido de la Independencia, de corte liberal, el que una vez en el poder puso en marcha una abarcativa transformación. Se trató de un proceso constante en el que, con una parsimonia casi vegetal, dio lugar a que los frutos del nuevo ordenamiento se fuesen manifestando y articulando.
Desarrollo del país
Ya para 2007, la marcha de la economía islandesa había transfigurado cada orden de actividad. Consiguieron superar, por lejos, aquella condición de pequeña y marginal nación pesquera. Merced a la reducción de impuestos y a una seguridad jurídica, hoy es una economía de mercado de avanzada, con una sociedad desarrollada, tecnológicamente de vanguardia y uno de los centros financieros de mayor envergadura del mundo. Empresas de primer orden encuentran en Islandia todo lo que necesitan para radicarse. La coherencia y constancia en hechos convergentes hicieron de Islandia una nación rica. En 2009 fue clasificado por la ONU como el tercer país más desarrollado del planeta. Es oportuno recalcar que recién en 1944 obtuvieron su independencia y sólo después de los ’90 lograron salir del estatismo.
Un aspecto singular tal vez revele mejor que nada la propensión alcanzada por los islandeses a poner a su favor hasta lo en apariencia adverso. Su cercano emplazamiento al Polo Norte debería hacer imposible cualquier residencia humana; un promedio lógico tendría decenas de grados bajo cero. Sin embargo, la Corriente del Golfo arriba a sus costas elevando la temperatura de las aguas circundantes, templando el clima. No obstante, ello no sería suficiente para hacer posible la vida y actividad humanas. Es que han logrado aprovechar la energía geotérmica, provista por volcanes en actividad (unos 200). Además cuentan con unos 600 géisers, inagotables. Son estos fuentes termales que lanzan una columna de agua caliente hacia la atmósfera. Es utilizada directamente para calefaccionar hogares y demás inmuebles. Asimismo, se sirven de ella para accionar usinas a vapor que generan electricidad. En 1940, el 85% de la energía en Islandia provenía del carbón, hoy ese mismo porcentaje tiene origen geotérmico. Es decir, que este aspecto también fue parte del proceso de reconversión hacia una realidad racional. Hicieron de los intimidantes volcanes unos incondicionales benefactores.
Un país seguro y confiable
Islandia desconcierta con otras peculiaridades, como el tener en verano 24 horas de luz y en invierno sólo entre 3 ó 4, en razón de su localización. Por otra parte, el éxito del país muy probablemente tenga correlato con indicadores decisivos. Se trata de uno de los lugares más seguros del mundo respecto a toda clase de delitos. Tiene una alfabetización de alta calidad en torno a un 99,9%, la mayoría habla 3 idiomas y es el país con mayor consumo de libros per cápita. Una incuestionable conexión entre cultivo del entendimiento y el éxito. En Islandia, las surrealistas auroras boreales maravillan a la vez que sugieren que el mundo más magnífico es el que se descubre al abrir los ojos. Lograron dejar atrás las inagotables piruetas retóricas que siempre intentan secuestrar miradas para sólo enturbiarlas.
Por Marcelo Medawar
Licenciado en Ciencias de la Comunicación
