El presidente de Estados Unidos ha sorprendido a los propios norteamericanos y observadores internacionales, por otro giro político trascendente al proponer el primer presupuesto federal de la Administración demócrata para el año fiscal 2022, priorizando el gasto social y la lucha contra el cambio climático, por encima de las tradicionales partidas encabezadas por los presupuestos en defensa nacional y la proyección global del país.

Joe Biden elevó el viernes último al Congreso una petición presupuestaria de 1,5 billones de dólares para el próximo ejercicio, un aumento del 8,4% sobre el actual, con una partida de 753.000 millones para gastos de defensa y otra de 769.000 millones destinados a la crisis climática, el refuerzo de la salud pública, la investigación médica y duplicar el presupuesto en educación. Se suma una inversión de 860 millones de dólares en Centroamérica, como primer paso de un programa de cuatro años para frenar la inmigración irregular.

El mandatario estadounidense hizo estos adelantos un día después del anuncio de una reforma fiscal para financiar un ambicioso programa de infraestructura, considerado clave para potenciar el crecimiento económico, al dar respuesta a algunos problemas acuciantes entre ellos la profunda desigualdad social. De paso este proyecto de presupuesto implica un sondeo de la opinión pública frente a las prioridades políticas anunciadas en la campaña.

Un tema sensible lo plantea la llegada de indocumentados a la frontera de EEUU, con el mayor nivel de detenciones en 20 años y el récord histórico de afluencia de menores solos. Este es sin duda el objetivo de la enorme inversión de 4.000 millones de dólares en los países centroamericanos para afrontar el problema con mejores condiciones de vida que impidan el éxodo masivo hacia Norteamérica.

Es muy probable que este proyecto de presupuesto de la Casa Blanca sea modificado durante el intenso debate que lo espera en el Congreso, donde los republicanos ya lo condenan sin conocer todavía los alcances de la letra chica, todavía lejos de la tramitación. Pero lo importante es el giro político del Gobierno de Biden para incrementar en un 16% las partidas no relacionadas con la defensa, que equivaldrían a un 3,3% del PBI, si llegaran a aprobarse.

En general corrige los desaciertos de Donald Trump en materia social, priorizando la salud, la educación y la investigación científica para dinamizar la economía.