La pandemia ha generado, a nivel global, campañas para frenar la propagación del virus. Los países han recurrido a estrategias de concientización basadas en la responsabilidad social. Durante 2020 y lo que va del 2021 se han difundido spots motivadores para la prevención del covid-19. Así en España, por ejemplo, se lanzaron spots de concientización bajo el hashtag # "La importancia de la Distancia Social”; o # "Saltarte la cuarentena puede acabar con tu mejor amigo”. En el mismo sentido aparecieron ingeniosas campañas en Escocia, como aquella que muestra mediante la metáfora de la mancha que avanza, cómo una nieta contagia coronavirus a su abuelo. O en Alemania lanzando originales videos en los que se observa a las personas quedarse en casa, presentados como los verdaderos héroes de la pandemia: # "Héroes especiales”.
También Argentina se sumó a estas campañas con creativos spots, como: # "Seguí cuidándote”; # "Quedate en casa”; # "Ventilar”, o # "Cuidadanía” que interpela a los jóvenes para evitar un relajamiento en las medidas preventivas. O la campaña específica de prevención en los barrios populares porteños con la participación de los vecinos: # "Rescatate”.
La ética del cuidado y la autodisciplina
Todas estas campañas tienen un denominador común: están apoyadas en valores éticos como la responsabilidad social, la solidaridad y la ética del cuidado. Ahora bien, para que estos valores se encarnen en hechos concretos deben forjarse en la virtud de la Autodisciplina. Poco se habla de ella. Quizás por desconocimiento o prejuicio es asociada generalmente a limitaciones o prohibiciones a la libertad individual. Todo lo contrario. Cuando ahondamos en esta virtud, en realidad se advierte que fortalece a la voluntad al liberarnos del imperio de los impulsos y arrebatos en la toma de decisiones. Por eso se dice que en la autodisciplina uno se convierte en discípulo de sí mismo y su propio entrenador. He aquí la gran paradoja que se nos plantea. No hay coacción externa ni un enemigo exterior a quien vencer. La batalla que libramos es con nosotros mismos. Porque siendo una virtud, la autodisciplina se ejercita como todo hábito adquirido, con constancia y fuerza de voluntad. No nacemos autodisciplinados, es algo que vamos aprendiendo con decisión y esfuerzo.
La autodisciplina como virtud
Como toda virtud, esta capacidad requiere una disposición de la voluntad para autoimponernos reglas que nos permitan encauzar un "yo” que suele desbarrancar y convertir este cambio en un hábito. Ahora bien, no debemos pensar a la autodisciplina como una especie de látigo al yo libre. Recordemos que esencialmente las virtudes son hábitos operativos buenos (Cfr. S.Th., I-II, q. 55, a. 3). Es decir, disposiciones estables de alguna facultad humana (Inteligencia o voluntad), que van orientando nuestras conductas al bien. Por eso se dice que las virtudes ni limitan, ni atacan nuestras facultades. Todo lo contrario, perfeccionan las potencias operativas para realizar actos buenos, libremente, con facilidad, prontitud y agrado. Las virtudes suelen clasificarse en intelectuales o morales. Las virtudes intelectuales perfeccionan a la razón, mientras que las morales perfeccionan a la voluntad y tendencias. La autodisciplina pertenece a las virtudes morales en tanto nos permite un dominio de carácter para conseguir nuestros objetivos y afianzar una formación moral que nos ayuda a mejorar ciertos aspectos que favorecen la convivencia social.
Autoestima y la fuerza del ejemplo
Volviendo a las campañas de concientización para evitar la propagación del covid-19, todas apuestan a un cambio. Especialmente las dirigidas a los jóvenes. En todas se advierte un fuerte llamado a disciplinar la voluntad. No es tarea fácil autorregularnos, ni para jóvenes ni para adultos. Pero quienes somos padres conocemos que el mejor camino para formar a nuestros hijos en valores y virtudes, es la fuerza motivadora del ejemplo. En esto pienso que a veces los ciudadanos sentimos cierta orfandad de quienes tienen la tarea de cuidarnos.
Por Miryan Andújar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo
