La educación es estrictamente hablando un fenómeno social pero la ciencia que entiende de este objeto de estudio es más amplia en su carácter. Durante decenas de años se le atribuyó a la Pedagogía la propiedad de ser una disciplina social de ejercicio discursivo propia de las ciencias sociales. Con el avance del nuevo paradigma en la educación del siglo XXI, es decir, el comienzo del tercer milenio que se expresa en la sentencia: "el pueblo es actor de la enseñanza”, la pedagogía tiene un campo de aplicación tan vasto que sus leyes rigen y se aplican para distintas ciencias y avances científicos como los de la neurociencia por ejemplo. Expresado este punto de partida nos queda por resaltar al profesional que la tiene a su cargo. El mismo, necesariamente egresado de las Universidades con el grado académico de Profesor en Pedagogía identifica al profesional en su ejercicio. Si bien es cierto que un profesor, también es llamado docente, este término se reduce únicamente a los incluidos en el campo de las ciencias de la educación, es decir a quienes abordan distintas disciplinas que se vinculan a este objeto de estudio.

Es oportuno brindar un avance a quienes se dedican a la docencia en general, ya sean estos: maestros, técnicos, profesionales, padres, instructores, etc., que se adscriben a la enseñanza, educación o formación poseen una capacitación docente o han realizado un profesorado universitario aunque estén titulados y orientados a una profesión liberal.

Una ley en educación debe ser interpretada con el máximo rigor que ella exige por lo que cumplimentar los pasos de un método científico que la sustente es imprescindible y define su posición. Desde este punto de vista una secuencia de aprendizaje que vincula al sujeto con el medio y el conocimiento debe procurar momentos tales que tomen en cuenta esta ley científica.

Si sostenemos por ejemplo que "Todo aprendizaje tiene momentos ineludibles sin los cuales el conocimiento no adviene de manera patente y eficaz”, la prueba al respecto debe estar fundada en tantos casos y experiencias que demuestren que tales momentos deben presentarse como absolutamente necesarios para el aprendizaje y no como meras sugerencias.

A partir de la formulación de una ley científica describimos para el aprendizaje cuáles son esos momentos imprescindibles que no se pueden soslayar. Estos, de no estar presente no confirman una educación efectiva, es decir, un aprendizaje y donde si afirmaríamos que puede haber una instrucción, orientación, disposición o si se quiere hasta un programa. Los momentos son: 1- Causa u origen del tema de estudio. 2- Despliegue o desarrollo. 3- Evaluación: Comprobación y transferencia de sus resultados.

Vamos a concluir entonces que una ciencia para una educación eficaz debe ser consecuente con su objeto de estudio y someterse a una metodología científica tal que garantice sus resultados.

Al respecto estamos en condiciones de ensayar una teoría que expresa: la importancia de una educación para dar soluciones a todos los males que aquejan a un pueblo, estado o nación que procura su desarrollo, producción, mano de obra y garantiza una convivencia en principios tales que hacen del hombre un ser íntegro en valores, procurando salud, seguridad y existencia en comunidad orientada hacia el bien común, desafío de todo educador, político y funcionario.

 

Por el Prof. Mario Correa D’Amico 

Filósofo y pedagogo, profesional de la educación con doctorado y especialización en el Área.