"No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás’. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita, insulta o maldice a su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Ustedes han oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pero yo les digo: ‘El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón, y el que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio’. Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: ‘No jurarás falsamente’. Pero yo les digo que no juren de ningún modo" (Mt 5,17-37).

El compromiso moral del cristiano debe ser más grande que el que enseñaban los escribas o doctores de la ley mosaica. Estos eran rabinos estudiosos de la legislación hebrea que habían elaborado un sistema de 613 preceptos, como los artículos de un código civil y penal. Daban una interpretación reductiva de numerosos artículos, y una aplicación legalista de estrecha interpretación literal. Para evitar cualquier equívoco, Jesús afirma que él no ha venido a abolir sino a complementar. El no es laxista ni rigorista. Simplemente desarrolla la norma y la abre como una flor que extiende sus pétalos. Para hacerse entender correctamente, presenta cuatro ejemplos. 

El primero de ellos se refiere al homicidio, que no es una cuestión de asesinar a un ser humano sólo con violencia física, sino de mortificarlo también en su dignidad. Si una lectura minimalista de la Ley invita a no anular físicamente al otro, una lectura más perfecta indica la necesidad de no asesinar tampoco interiormente al hermano a través de la ira, el desprecio o la demonización. Dejemos de lado y sepultemos de una vez por todas el derecho a la fuerza y apliquemos la fuerza del derecho. De lo contrario volveremos a aquello del comediógrafo latino Plauto en su obra "Asinaria", donde dice: "Homo homini lupus" (El hombre es un lobo para el hombre). Frase que luego popularizó el filósofo inglés del siglo XVII, Thomas Hobbes.

Cuenta una historia que dos amigos iban caminando por el desierto. En algún punto del viaje comenzaron a discutir, y un amigo le dio una bofetada al otro. Lastimado, pero sin decir nada, escribió en la arena: "Mi mejor amigo me golpeó". Siguieron caminando hasta que encontraron un oasis, donde decidieron bañarse, El amigo que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, pero su amigo lo salvó. Después de recuperarse, escribió en una piedra: "Mi mejor amigo salvó hoy mi vida". El amigo que había abofeteado y salvado a su mejor amigo preguntó: "Cuando te lastimé escribiste en la arena y ahora lo haces en una piedra. ¿Por qué?" El otro amigo le respondió: "Cuando alguien nos lastima debemos escribirlo en la arena donde los vientos del perdón puedan borrarlo. Pero cuando alguien hace algo bueno por nosotros, debemos grabarlo en piedra donde ningún viento pueda borrarlo". El cristiano es esclavo del amor, no del deber. El evangelio de este domingo es una invitación a "tener un parecido" a Dios, que sólo sabe amar y perdonar, mirando de modo transparente.

El segundo y tercer ejemplo aluden a reforzar la familia. No es una cuestión de prestar atención sólo al acto material externo para no cometer adulterio o el divorcio, sino de gobernar los pensamientos y deseos. Jesús inculca la mirada limpia y las obras coherentes, con expresiones paradojales, capaces de subrayar la gravedad de los sentimientos y de las acciones que se cumplen. 

El cuarto ejemplo se refiere al juramento falso o "perjuro", (afirmación contraria a la verdad pronunciada bajo juramento y en público), ya prohibido por el octavo mandamiento: "No levantar falso testimonio ni mentir". Hemos perdido en gran parte el valor y compromiso con la palabra empeñada. Te acordarás cuando nuestros padres al realizar una transacción, no firmaban papeles? La palabra "dada" era el mejor sello y la firma más segura e inteligible.

Conviene no olvidar lo del sabio pensador chino Confucio: "Cuando las palabras pierden su significado, la gente pierde su libertad", o lo de la novelista y académica española, Premio de Literatura Miguel de Cervantes 2010, Ana María Matute: "La palabra es el arte de los humanos para aproximarse unos a otros".